El pacto de 1983 que nunca fue vuelve a perseguir al Líbano en negociaciones con Israel

El Líbano reanuda conversaciones directas con Israel mientras acecha el fantasma de un acuerdo fallido de 1983 que fue firmado pero nunca aplicado. Hezbolá lanza amenazas contra los líderes libaneses que impulsan el diálogo, rechazando cualquier pacto similar al anterior. El contexto regional ha cambiado radicalmente: hoy el principal obstáculo es el propio Hezbolá y su patrocinador Irán, no Siria como en 1983.
La historia se repite en Oriente Medio, pero con actores diferentes. Mientras el presidente libanés Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam se preparan para reanudar conversaciones directas con Israel este jueves 23 de abril, el recuerdo de un acuerdo que hace cuatro décadas fue sellado pero nunca implementado proyecta su sombra sobre las negociaciones. Ese pacto del 17 de mayo de 1983 permanece fresco en la memoria colectiva libanesa, no como un éxito diplomático, sino como un fracaso que costó años de espera y frustración.
Los líderes libaneses actuales ya sienten la presión. Hezbolá ha lanzado una campaña de desprestigio contra Aoun y Salam, y sus amenazas van más allá de críticas políticas. Nawaf Moussaoui, alto cargo del partido chiita, advirtió en la televisión del movimiento que si Aoun "quiere tomar decisiones de forma unilateral, no es más importante que Anwar al-Sadat", refiriéndose al presidente egipcio asesinado en 1981 tras firmar la paz con Israel. La amenaza no es velada: según Moussaoui, cualquier acuerdo será "rechazado, no reconocido y enviado a la papelera, como el acuerdo del 17 de mayo de 1983". En Beirut se toma muy en serio, dado el historial de Hezbolá.
El acuerdo de 1983 fue firmado en Khaldeh, cerca de Beirut, durante los peores días de la guerra civil libanesa. El presidente Amine Gemayel negoció bajo ocupación simultánea de Israel y Siria, con el embajador estadounidense Morris Draper mediando. El pacto incluía la retirada israelí del sur, la creación de una zona de seguridad y compromisos de ambas partes de resolver disputas pacíficamente. Parecía prometedor, pero nunca vio la luz. En marzo de 1984, el Consejo de Ministros lo derogó bajo presión del presidente sirio Hafez al-Assad y sus aliados libaneses, que se oponían a cualquier normalización con Israel. El expresidente Gemayel luego afirmó que Israel tampoco quería realmente cumplirlo y que había incluido cláusulas de último momento que daban a Damasco un poder de veto.
Pero el contexto de hoy es completamente distinto. "En 1983, Hezbolá, que acababa de fundarse, aún no tenía voz ni voto en el Líbano. Hoy es el principal obstáculo para tales negociaciones, al igual que su patrocinador iraní", explica Sami Nader, director del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad San José de Beirut. Irán necesita que el Líbano, a través de Hezbolá, siga siendo su carta estratégica en la región. Una solución negociada entre Beirut e Israel cortaría esa influencia de Teherán. Incluso Siria ha cambiado de postura: el presidente interino Ahmed al-Charaa declaró hace poco que está abierto a negociaciones directas con Israel sobre los Altos del Golán.
Lo que ahora genera dudas es la "línea amarilla" que Israel ha trazado en el sur del Líbano, una zona de amortiguación de cientos de kilómetros cuadrados que muchos ven como una nueva frontera unilateral impuesta por Netanyahu. "Esta línea amarilla siembra dudas sobre las intenciones israelíes", advierte Nader, "porque recuerda a un escenario ya visto en el Golán sirio —un escenario de anexión—". El presidente Aoun parece confiar en que negociar es la única forma de evitar esa posibilidad, buscando la paz y, por tanto, el desarme de Hezbolá a cambio del territorio conquistado. La alternativa militar, defendida por el grupo chiita, solo le da más justificación a Israel para mantener su ocupación del sur libanés.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



