Sora cerró: qué pasó con la app de video de OpenAI que prometía revolucionar el cine

OpenAI anunció el cierre de Sora, su plataforma de generación de videos con IA, apenas 18 meses después de lanzarla públicamente. A pesar de un acuerdo de 1.000 millones de dólares con Disney, la app enfrentó costos operativos insostenibles, caída de usuarios del 45% y competencia feroz de startups asiáticas. OpenAI redirigirá esos recursos hacia robots e IA más rentables. El legado de Sora quedará en la investigación de simulación física.
Hace poco más de un año, Sora parecía ser el futuro del cine. OpenAI (la empresa detrás de ChatGPT) había cerrado un acuerdo de 1.000 millones de dólares con Disney el 27 de diciembre de 2025. La herramienta podía generar videos de alta definición con solo describir lo que querías ver. Parecía magia. Pero el 24 de marzo de 2026, OpenAI anunció que cerraba la plataforma. "We're saying goodbye to the Sora app. To everyone who created with Sora, shared it, and built community around it: thank you. What you made with Sora mattered, and we know this news is disappointing", escribieron desde la cuenta oficial.
Sora había llegado a Colombia en diciembre de 2025, así que muchos apenas estaban experimentando con ella cuando el cierre fue anunciado. Desde su lanzamiento público en diciembre de 2024, la herramienta acumuló descargas record en las tiendas de aplicaciones y compitió con otras plataformas como Runway ML y Pika Labs. En sus primeros meses, demostraba ser superior: generaba clips con consistencia temporal que atraían a la industria cinematográfica y publicitaria. Parecía que Disney había hecho una buena inversión.
Lo que nadie contaba era con la velocidad de la caída. Entre finales de 2025 y principios de 2026, las descargas se desplomaron 45%. El problema no era solo la novedad que se desgastaba: competidores asiáticos como Kling 3.0 (de Kaishou) y Sundance 2.0 (de Byte Dance) ofrecían resoluciones de 4K a 60 fotogramas por segundo con sistemas de control más precisos. Eran mejores y más baratas.
Pero el golpe mortal vino de adentro. Mantener ChatGPT costaba a OpenAI aproximadamente 700.000 dólares diarios solo en energía e infraestructura. Sora, siendo aún más demandante computacionalmente, era un lujo que la empresa no podía permitirse cuando se preparaba para entrar a bolsa en 2026. La junta directiva decidió priorizar rentabilidad sobre experimentación. Así de simple.
OpenAI optó por redirigir toda esa potencia de cómputo hacia lo que realmente genera dinero: sistemas de IA que pueden ejecutar tareas autónomas en tu computadora (lo que llaman "agentes de IA") y una súper aplicación que integre chat, navegación web y programación. Los videos sintéticos no estaban en el plan de rentabilidad.
El equipo que desarrolló Sora no desapareció. OpenAI los reasignó a un proyecto más silencioso pero potencialmente más lucrativo: investigación en simulación de entornos físicos para robotics. La lógica es clara: todo lo que Sora aprendió sobre cómo funcionan el espacio y la física dentro de videos, es exactamente lo que necesitan los robots para entender el mundo real. Para OpenAI, Sora pasó de ser una herramienta de entretenimiento a ser una base de investigación para máquinas que podrían valer mucho más dinero a largo plazo.
A pesar de su corta vida como producto, Sora dejó un legado. Obligó a creadores, legisladores y empresas a tener conversaciones serias sobre propiedad intelectual, derechos de autor y cómo verificar si un video es real o sintético. La proliferación de contenidos generados por IA aceleró la demanda por marcas de agua y sistemas de autenticación para combatir la desinformación. En cierto sentido, Sora fue el laboratorio que el sector necesitaba para entender que la IA no es solo tecnología: también necesita regulación y viabilidad económica para sobrevivir.
Fuente original: Impacto TIC
