Seis décadas después: por qué la humanidad vuelve a la Luna ahora

Tras el Apolo 17 en 1972, las misiones lunares se detuvieron por la reducción presupuestal, el cumplimiento de objetivos científicos y el alto costo de enviar humanos. El contexto político también influyó: una vez que Estados Unidos ganó la carrera espacial, el incentivo geopolítico desapareció. Ahora, con nuevos avances tecnológicos e intereses estratégicos, programas como Artemis buscan no solo regresar sino establecer una presencia permanente en la Luna.
Más de sesenta años han pasado desde que el Apolo 17 pisara la Luna en diciembre de 1972. Durante décadas, la pregunta fue inevitable: ¿por qué dejamos de ir? La respuesta no es simple. Santiago Vargas Domínguez, físico y astrofísico de la Universidad Nacional de Colombia, explica que una combinación de factores económicos, políticos y tecnológicos frenó las ambiciones lunares.
El dinero fue determinante. Durante los años sesenta, la NASA recibía casi el 4 por ciento del presupuesto total de Estados Unidos. Esa cifra se desplomó una vez que el programa Apolo cumplió sus objetivos. Sin financiación suficiente, mantener misiones tripuladas se hizo imposible. Las cifras hablan por sí solas: 24 astronautas viajaron a la Luna y 12 caminaron sobre su superficie. Los científicos recolectaron aproximadamente 380 kilogramos de material lunar y realizaron múltiples experimentos. Con la tecnología disponible en ese momento, los objetivos científicos ya estaban cumplidos, lo que eliminó la urgencia de nuevas misiones.
La geopolítica también jugó un papel crucial. La carrera espacial era ante todo una competencia entre superpotencias. Una vez que Estados Unidos se impuso y demostró su superioridad tecnológica, el incentivo político para seguir gastando billones en viajes lunares simplemente desapareció. Ya no había rival que vencer.
Hay otro factor que muchos olvidan: enviar humanos al espacio es enormemente costoso y complejo. A diferencia de los robots, los astronautas necesitan oxígeno, alimento, sistemas de protección y soporte vital sofisticado. Todo eso encarece las misiones de forma exponencial comparadas con sondas robóticas.
Ahora el panorama cambió. Los avances tecnológicos han abaratado costos, y surgieron nuevas motivaciones científicas y estratégicas. Programas como Artemis no buscan solo un viaje simbólico. El objetivo es mucho más ambicioso: establecer una presencia permanente en la Luna que sirva como plataforma para futuras misiones a Marte y para expandir los límites del conocimiento humano.
Fuente original: El Tiempo - Vida