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Sajú: de una idea universitaria a marca sostenible que reconoce sus deudas

Fuente: El Tiempo - Finanzas Personales
Sajú: de una idea universitaria a marca sostenible que reconoce sus deudas
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Sajú nació en 2018 como un proyecto estudiantil alrededor de los cuelgagafas y hoy es una marca reconocida de accesorios sostenibles. Su cofundador Juan Pablo Pradilla revela que detrás del éxito visible en redes sociales hay decisiones financieras complejas, presión constante por innovar y la necesidad de endeudarse para crecer. La empresa también impulsa iniciativas sociales, como una reciente campaña que recaudó 90 millones de pesos para carretas eléctricas de recicladores.

Cuando Juan Pablo Pradilla y sus compañeros de universidad descubrieron los cuelgagafas en Europa durante un intercambio académico, no imaginaban que esa observación se convertiría en una de las marcas colombianas más visibles del emprendimiento joven. En 2018 decidieron traer la idea a Colombia, convencidos de que faltaba amor en una categoría que existía pero permanecía invisible en los mostradores de las ópticas. Lo que comenzó como una broma entre amigos, vendiendo desde una caja de zapatos, terminó siendo un negocio que hoy compite en colaboraciones, lanzamientos constantes y presencia digital.

Los primeros días fueron desalentadores. Pradilla recuerda con humor que "el primer día habremos vendido uno o dos. Creo que nos compró un amigo y una profesora. Después de eso no vendimos nada más en días". El punto de quiebre llegó en las ferias de emprendimiento, donde descubrieron algo crucial: la gente no solo quería cuelgagafas, sino que se conectaba con la identidad que estaban construyendo. "La gente decía: 'me encanta Sajú', 'qué cosas nuevas traen'. Ahí entendimos que había un potencial muy grande en construir marca y no solamente vender cuelgagafas", explicó.

La sostenibilidad, que comenzó como una intención vaga, se convirtió en eje estratégico durante la pandemia. Sajú comenzó a fabricar gafas en Colombia usando plástico reciclado y amplió alianzas con comunidades indígenas para integrar tejidos como el guayú y la palma de iraca. Esta transformación no fue decorativa: reducía la huella ambiental y permitía producción local. La marca también ha generado iniciativas sociales de peso, como una campaña con el influenciador Juanpis González que logró recaudar cerca de 90 millones de pesos para carretas eléctricas destinadas a recicladores.

Pero donde Pradilla abre el juego es en lo que las redes sociales no muestran. "Uno se tiene que endeudar como emprendedor para crecer. Todo ese tema de coger o no deuda, hasta dónde aprieto el flujo de caja, todas esas cosas nos consumen muchísimo tiempo y eso no lo mostramos mucho", señala. La presión por mantenerse vigente es implacable: en Colombia "pasan demasiadas cosas y uno tiene que obligarse a innovar todo el tiempo. No nos podemos conformar con lo que logramos hoy porque el próximo mes tiene que haber algo nuevo". Esta lógica ha empujado a Sajú a planificar lanzamientos mensuales y colaboraciones casi de forma permanente, un ritmo que exige decisiones financieras constantes sobre hasta dónde endeudarse.

Pradilla atribuye parte de su enfoque empresarial a una breve experiencia en Philip Morris, donde hizo prácticas profesionales durante tres meses. Allí aprendió que "había que bajar las ideas a la realidad, construirlas, mostrarlas físicamente". Hoy busca en sus equipos algo similar: no necesariamente experiencia técnica, sino "gente que propone, que trae ideas y que entiende hacia dónde va la empresa".

El cofundador también reflexiona sobre un tema que toca a muchos en el mercado laboral: la importancia de buscar más allá del salario. "Uno debería tratar de trabajar en un lugar donde se sienta feliz de ponerse la camiseta", dice. Para él, el trabajo ocupa demasiado espacio en la vida como para vivirlo únicamente como una obligación. "Es mejor estar en un lugar donde uno se sienta conectado con el propósito y no simplemente cumpliendo un horario", concluye.

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