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La trucha caucana: de río silvestre a motor económico de miles de familias Misak

Fuente: Agronegocios - Finca
La trucha caucana: de río silvestre a motor económico de miles de familias Misak
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En el Cauca, la comunidad indígena Misak transformó la escasez de tierras en oportunidad al desarrollar la piscicultura de truchas arcoíris. Lo que comenzó a mediados del siglo pasado como un proceso de adaptación ambiental se convirtió en un modelo económico sostenible que genera entre 60 y 70 toneladas mensuales. Aunque enfrenta desafíos post pandemia y competencia regional, el sector busca expandirse hacia mercados internacionales con certificaciones de calidad.

En los páramos del Cauca, donde abunda el agua fría y cristalina, la comunidad indígena Misak encontró una salida económica inesperada: la trucha arcoíris. Lo que pudo haber sido una simple introducción de una especie foránea a mediados del siglo pasado se transformó, con el tiempo, en un proyecto de reconstrucción social y económica que hoy sostiene a miles de familias en la región. La escasez de tierras obligó a los comuneros a mirar hacia sus ríos y a implementar técnicas de piscicultura que combinan conocimiento ancestral con métodos modernos de manejo de estanques.

Entre 1980 y 2010, Guambía vivió lo que se conoce como su época dorada. En esos treinta años, el municipio llegó a operar 103 estaciones piscícolas activas que producían entre 80 y 120 toneladas mensuales de trucha, comercializadas en ciudades como Cali, Medellín y Bogotá. El negocio parecía imparable, pero la pandemia llegó para cambiar el panorama. Hoy, el Cauca cuenta con aproximadamente 30 estaciones piscícolas que producen entre 60 y 70 toneladas al mes. A nivel nacional, la trucha representa el 16% de toda la producción acuícola del país, con 36.025 toneladas reportadas en 2025. Boyacá lidera este mercado con el 27% de la producción, seguido por Nariño con 20% y Antioquia con 15%. El Cauca aporta el 12% de esta cifra.

Los números del negocio están claros pero son exigentes. Criar un lote de 10.000 truchas requiere actualmente una inversión de 33 millones de pesos para un proceso que dura entre siete y ocho meses. A menor escala, sembradores como Luis Tunubala, administrador de la Piscicultura Santa Clara, invierte alrededor de 10 millones de pesos en un lote de 5.000 peces. El mayor gasto va en el alimento concentrado balanceado, que empresas nacionales como Itacol, Solla y Contegral venden a precios que rondan los 270.000 pesos el bulto. Un lote consume cerca de 40 bultos mensuales.

Al cosechar, cuando las truchas alcanzan un tamaño de tres unidades por kilogramo, pueden venderse localmente a 18.000 pesos el kilo, generando ingresos entre 20 y 22 millones de pesos por lote. Sin embargo, esto aplica solo si la producción supera las 5.000 unidades. Según Víctor Cuchillo, líder comunitario que ha mantenido activos estos proyectos, las producciones artesanales de 2.000 o 3.000 truchas difícilmente logran rentabilidad porque la actividad exige mantenimiento 24 horas diarias. El lavado y desinfección de estanques cada tres días es obligatorio para evitar enfermedades como el punto blanco y la hemorragia interna.

La rentabilidad no es el único reto. El sector también busca expandirse hacia mercados internacionales en Venezuela, Estados Unidos y Brasil, donde el kilo de trucha procesada alcanza precios de 80.000 pesos. Para lograrlo, trabajan en obtener certificaciones de calidad como el sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, un estándar que refuerza la competitividad internacional.

Más allá de los números, la trucha representa un símbolo de soberanía económica en el Cauca. El modelo evolucionó hacia un sistema familiar donde comerciantes Misak recogen el producto en las fincas, descentralizando el negocio y dinamizando la economía regional. Esta actividad se suma a otros productos caucanos como el queso, la fresa y la cebolla, posicionando al departamento como referente de la industria agrícola. Pese a las barreras económicas y el poco apoyo estatal, la trucha sigue siendo la apuesta que sustenta la autonomía financiera de los hogares andinos.

Fuente original: Agronegocios - Finca

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