Rusia intensifica bombardeos mientras se estanca la guerra terrestre en Ucrania

La invasión rusa ha entrado en una nueva fase: los combates terrestres disminuyen pero los ataques aéreos se vuelven más devastadores. El 2 de junio, Moscú lanzó más de 600 drones y 73 misiles contra Ucrania, en una ofensiva que el Kremlin había anunciado previamente. Kiev respondió atacando instalaciones petrolíferas rusas en San Petersburgo. Expertos militares analizan cómo esta estrategia está redefiniendo el conflicto.
La guerra entre Rusia y Ucrania está transitando por una etapa distinta a la de sus primeros meses. Mientras en el terreno los avances rusos se ralentizan y los enfrentamientos directos pierden intensidad, Moscú ha optado por una estrategia que apunta al desgaste: bombardeos masivos y sostenidos contra territorio ucraniano.
El ataque del 2 de junio fue particularmente significativo. Rusia desató sobre Ucrania una lluvia de más de 600 drones y 73 misiles, una operación que el Kremlin había anunciado públicamente con antelación. La envergadura de esta ofensiva ilustra cómo el conflicto se está transformando: si antes prevalecían los enfrentamientos en las trincheras y el combate por posiciones, ahora el énfasis está en bombardear objetivos civiles y estratégicos desde el aire.
Kiev no se quedó sin respuesta. Las autoridades ucranianas contraatacaron apuntando a puntos petrolíferos de San Petersburgo, demostrando que aunque están bajo presión, mantienen capacidad de golpear objetivos en territorio ruso. Este ciclo de represalias aéreas define el panorama actual: una guerra que se vuelve más letal desde los cielos mientras el frente terrestre se congela.
Para entender las implicaciones de este cambio de táctica, expertos en defensa como Fernando del Pozo, almirante retirado y exdirector del Estado Mayor Internacional de la OTAN, han analizado cómo esta transición podría determinar el curso del conflicto en los meses venideros.
Fuente original: France 24 - Europa



