Rodilla del corredor: qué es y cómo ayudar a tu hijo a recuperarse
El síndrome de dolor patelofemoral, conocido como "rodilla del corredor", es un dolor alrededor de la rótula que afecta especialmente a deportistas adolescentes y jóvenes. Se produce por movimientos repetitivos que sobrecargan la rodilla, especialmente en actividades como correr, andar en bicicleta o esquiar. El tratamiento combina reposo, fisioterapia, ejercicios de fortalecimiento y modificación de las actividades que causan dolor, y la mayoría de los casos mejoran sin necesidad de cirugía.
Si tu hijo se queja de dolor alrededor de la rodilla durante o después de practicar deporte, podría estar desarrollando el síndrome de dolor patelofemoral, una lesión común que los médicos también llaman "rodilla del corredor". Este problema ocurre cuando la rótula (el hueso plano que protege la rodilla) se sobrecarga por movimientos repetitivos, generalmente en deportistas jóvenes que realizan actividades que requieren flexionar y estirar la rodilla constantemente.
El dolor típicamente aparece debajo y alrededor de la rodilla, y tiende a empeorar al caminar, arrodillarse, ponerse en cuclillas, subir o bajar escaleras, o durante la práctica de deporte. Algunos niños también notan un "chasquido" o "crujido" al levantarse después de estar sentados un tiempo prolongado o al subir escaleras. El malestar también puede presentarse después de actividades como viajes largos en coche o ir al cine, cuando la rodilla ha estado doblada durante mucho tiempo. Si el dolor persiste más de algunos días, es importante llevar a tu hijo al médico para que determine la causa exacta y evite que la lesión se agrave.
Este síndrome es más común en mujeres adolescentes y adultas jóvenes, especialmente en quienes practican deportes que exigen movimientos repetitivos de la rodilla. Algunas personas tienen la rótula desalineada con respecto al fémur (el hueso del muslo), lo que hace que no se deslice suavemente al doblar o estirar la rodilla. La debilidad muscular, traumatismos previos, pies planos o rigidez en las piernas también aumentan el riesgo de desarrollar este problema.
El diagnóstico es relativamente sencillo. El médico preguntará sobre las actividades físicas que realiza tu hijo y hará una exploración física de la rodilla. Por lo general, no son necesarias pruebas de imagen, aunque en algunos casos el doctor solicita radiografías para descartar otros problemas.
El tratamiento comienza con limitar o evitar las actividades que causen dolor. A veces solo se necesita cambiar la forma de entrenar; por ejemplo, si tu hijo corre en pendientes, podría intentar correr en superficies planas y blandas. Si el dolor es intenso o provoca cojera, es importante que la rodilla descanse hasta que mejore. Mientras tanto, aplica hielo o una compresa fría durante 15 minutos cada 1 a 2 horas, envolviendo el hielo en una toalla delgada para proteger la piel. Si el médico lo autoriza, puedes administrarle ibuprofeno o naproxeno siguiendo las indicaciones del medicamento, pero no por más de 2 a 3 semanas.
Una parte fundamental del tratamiento es la fisioterapia. Un fisioterapeuta diseñará un programa de ejercicios para mejorar la fuerza y flexibilidad de las piernas, caderas y los músculos profundos del abdomen. Este programa típicamente incluye estiramientos, sentadillas, flexiones, zancadas y otros ejercicios específicos. El médico también podría recomendar el uso de una rodillera, encintar la rodilla o utilizar plantillas especiales. La cirugía es poco frecuente y solo se considera en casos excepcionales.
Tu hijo podrá volver al deporte cuando la fuerza en cadera, piernas y músculos abdominales sea casi normal, cuando la flexibilidad haya mejorado significativamente (especialmente en los isquiotibiales), cuando pueda realizar actividades cotidianas sin dolor, y cuando cualquier molestia durante la práctica deportiva sea muy leve y desaparezca pocos minutos después de comenzar. Ten en cuenta que los síntomas pueden tardar meses o incluso años en mejorar completamente.
Una vez que tu hijo se haya recuperado, ayúdale a prevenir futuras lesiones asegurándote de que caliente y estire antes de cualquier actividad deportiva, mantenga un peso saludable, use calzado deportivo adecuado y lo cambie regularmente, corra en superficies blandas y planas, aumente gradualmente la intensidad del entrenamiento, y continúe usando plantillas ortopédicas o rodillera si el médico lo indica. Seguir consistentemente el plan de ejercicios recomendado es clave para que la rodilla sane adecuadamente.
Fuente original: Mediplus - Qué hay de nuevo