Riohacha pide auxilio: motos invaden andenes y autoridades brillan por su ausencia

El centro de Riohacha se ha convertido en un caos vehicular donde los andenes están tomados por motocicletas estacionadas ilegalmente, obligando a peatones y turistas a caminar por la calzada en riesgo constante. Las autoridades distritales, desde el director de tránsito hasta el alcalde, parecen ajenas al problema mientras los reguladores se dedican aparentemente a recaudar multas selectivas sin resolver el desorden. La ciudad enfrenta un colapso sistémico que afecta también semáforos dañados, invasión de espacios públicos en hospitales y entradas de colegios.
En el corazón de Riohacha, entre la calle 1 y la 8, y desde la carrera 1 hasta la 15, ha estallado una crisis que nadie parece querer ver. Los andenes, esos espacios que deberían ser seguros para que la gente caminara tranquila, han sido conquistados por motocicletas aparcadas en desorden. En algunos sectores, las motos ocupan más de la mitad del espacio peatonal, dejando sin opción a ciudadanos y turistas que tienen que aventurarse por las calles vehiculares donde el riesgo de atropello es real y permanente. Es pura falta de civismo, pero también es falta de mano firme desde la autoridad.
Lo que preocupa aún más es descubrir que mientras esto sucede, los reguladores de tránsito distrital están ahí, operando a pocos metros de los puntos más congestionados. La ironía duele: son los mismos que inmovilizan vehículos bajo actos administrativos restrictivos, pero sus propias unidades de inmovilización se estacionan de forma precaria, incumpliendo las normas que supuestamente defienden. Es como si el desorden fuera selectivo, permitido para unos y prohibido para otros.
La inacción de las autoridades distritales es casi ensordecedora. El director de tránsito parece más preocupado por festivales que por el caos en las calles. El alcalde, los secretarios de Gobierno y Planeación, el director de Espacio Público y el personero parecen haber adoptado una política de "ciegos y sordos" frente a una emergencia que crece todos los días. Mientras tanto, los reguladores se dedican a recaudar multas de forma selectiva, priorizando la billetera sobre la seguridad de los riohachenses.
El problema se expande como un virus. No son solo las motos en los andenes. También hay semáforos dañados que nadie repara, obras en las vías sin señalización adecuada, terminales satélites ilegales funcionando sin control, espacios públicos invadidos a las puertas de hospitales y clínicas, y caos vial a la hora de entrada y salida de los colegios. Es un colapso sistémico que nadie está ordenando desde arriba.
Claro está que la falta de parqueaderos legales agrava todo esto. Pero eso no justifica que la solución sea simplemente colonizar la vía pública. La ciudad no puede funcionar así. El derecho fundamental de las personas a moverse de forma segura está siendo pisoteado por la permisividad vehicular y la impunidad. La imagen turística de Riohacha se resquebraja cada día que pasa con esta anarquía sobre ruedas.
La administración distrital tiene que despertar ya. Necesita recuperar el control de sus propias calles, aplicar la ley con criterio y transparencia, y dejar de lado la permisividad. La vida de los peatones tiene que valer más que las comodidades de quien estaciona donde se le antoja. Si no actúan pronto, Riohacha correrá el riesgo de hundirse completamente en un caos del que será muy difícil salir.
Fuente original: La Guajira Noticias


