Paloma Valencia: la mujer que quiere romper el techo de cristal en la presidencia colombiana

Paloma Valencia, senadora del Centro Democrático e hija de una de las dinastías políticas más influyentes de Colombia, aspira a ser la primera mujer presidenta del país. A pesar de crecer bajo el peso de apellidos como Valencia y Laserna, ella insiste en que el poder se consigue trabajando, no por herencia. Durante su carrera ha impulsado proyectos legislativos en temas de formalización empresarial, subsidios energéticos y reforma pensional, mientras se esfuerza por equilibrar su rol como madre con una agenda política exigente.
Madrugadas que comienzan a las cinco de la mañana, despachando a su hija Amapola para el colegio antes de salir hacia el aeropuerto. Así transcurren los días de Paloma Valencia, quien después de levantarse a su pequeña de nueve años, graba entrevistas en emisoras comunitarias, se reúne con The Economist y vuela hacia otra ciudad para seguir en campaña. Es la rutina de una madre que aspira a gobernar un país.
Cuando se le preguntó cómo compatibiliza estos mundos, Valencia respondió sin titubeos: "Uno de los retos más grandes que he enfrentado en la política, como mamá, es lograr compatibilizar los tiempos de la política, que son eternos, con los tiempos de mi hija, que tiene nueve, y desde chiquita exige que uno esté con ella". Tan importante es esto para ella que sus asesores confirmaron que su única petición fue poder dormir seis días a la semana en casa para cumplir esa rutina matinal con Amapola.
La historia de Valencia está ligada a la política desde que nació en Popayán en 1976. Su abuelo fue presidente de la República entre 1962 y 1966, su otro abuelo fundó la Universidad de los Andes, y su tía abuela fue pionera en la lucha por el voto femenino. Cuando era niña, acompañaba a su padre a las reuniones del partido Conservador, cargaba maletas con papeletas electorales y aprendió desde temprano que los apellidos en Colombia pesan. Pero ella insiste en algo diferente: "Yo no creo que haya nada destinado para uno. Creo que uno consigue las cosas trabajando. Y cuando no las consigue, fue porque le faltó trabajar".
Su formación académica fue de lujo: filosofía y derecho en Los Andes, una especialización en economía, una maestría en escritura creativa en Nueva York. Fue profesora universitaria, columnista en El Espectador, analista de radio y autora. En 2006 intentó llegar a la Cámara de Representantes sin éxito. Llegó al Senado en 2014 de la mano del expresidente Álvaro Uribe Vélez, y desde entonces ha sido una voz opositora dentro del Congreso.
Durante el gobierno de Gustavo Petro se convirtió en la cara más visible de la oposición. Impulsó leyes sobre incentivos cafetaleros, ampliación de subsidios de gas para hogares de estratos bajos, modernización del sistema de trasplantes con inteligencia artificial, y la llamada Escalera de la Formalidad 2.0 para simplificar trámites a pequeños negocios. También demandó la creación del ministerio de la Igualdad y se opuso a decretos de emergencia que terminaron destapando corrupción en la UNGRD.
Sus asesores la describen como alguien que ha madurado considerablemente. Hace años era mucho más explosiva en sus declaraciones, pero ahora es más medida. Está metida en cada detalle de su campaña, revisa toda comunicación que sale de su equipo y rechaza propuestas agresivas para responder ataques. Considera a Uribe como su mentor y la primera persona a quien consulta decisiones importantes, aunque aclara que ella también ha propuesto ideas que él ha adoptado, como la resistencia civil contra el acuerdo de paz con las Farc.
Su esposo, Tomás Rodríguez Barraquer, es un economista formado en las universidades más prestigiosas del mundo: London School of Economics, Oxford, Stanford y con postdoctorados en Florencia y Jerusalén. Se conocieron en Los Andes, rompieron mientras él estudiaba, y volvieron años después cuando regresó a Colombia. Ahora trabaja con ella en la campaña, analizando números y encuestas. Su suegro, Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Medio Ambiente, cuenta que Paloma es una mujer de familia que ama cocinar y que lee con su hija cada noche.
Cuando se le preguntó si creía que sería la próxima presidenta de Colombia, Valencia respondió con la confianza que caracteriza a su clan político: "Si no es ahora, será en los próximos doce años". No cree en el destino, pero sí en el trabajo. Y por las madrugadas en su casa, mientras levanta a Amapola, parece estar demostrándolo.
Fuente original: El Colombiano - Colombia


