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Palma, soya y coco: los cultivos que aceleran la extinción de especies en el mundo

Fuente: El Tiempo - Vida
Palma, soya y coco: los cultivos que aceleran la extinción de especies en el mundo
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Un estudio liderado por investigadores de ETH Zurich revela que los cultivos para producir aceites vegetales son responsables del 1,5 por ciento de la pérdida mundial de biodiversidad. Palma aceitera, soya y coco concentran el 75 por ciento de este impacto, principalmente en regiones tropicales. Entre 1995 y 2020, la pérdida de biodiversidad vinculada a estos cultivos creció 80 por ciento, impulsada más por el aumento del consumo por persona que por el crecimiento poblacional.

Los cultivos de palma aceitera, soya y coco están causando una extinción de especies mucho más grave de lo que se pensaba. Así lo concluye una investigación presentada el 19 de junio de 2026 por Stephan Pfister, profesor de la Universidad Politécnica Federal de Zurich (ETH Zurich), quien calcula que los cultivos oleaginosos son responsables de alrededor del 1,5 por ciento de la extinción de animales y plantas a nivel mundial. Este es el primer estudio que analiza de manera integral cómo la producción y consumo de aceites vegetales afecta la biodiversidad global.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores examinaron décadas de datos sobre producción agrícola, comercio internacional y uso del suelo. Crearon mapas globales usando imágenes satelitales y bases de datos internacionales para identificar dónde se cultivan estos productos y cómo amenazan a diferentes especies según la región y la intensidad agrícola. El equipo también desarrolló un modelo económico que siguió estas materias primas por las cadenas internacionales de suministro, mostrando cómo la producción en un país termina vinculada al consumo en otro continente. Un ejemplo es la soya brasileña que se usa para alimentar ganado en China o Europa.

Los resultados fueron claros: palma, soya y coco generan el 75 por ciento del impacto ambiental de todos los cultivos oleaginosos estudiados. Entre 1995 y 2020, la pérdida de biodiversidad asociada a estos cultivos aumentó cerca de 80 por ciento. Sorprendentemente, esto no se debe principalmente al crecimiento de la población mundial, sino al aumento del consumo por persona. "El consumo per cápita es el mayor impulsor de la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, la mayor parte de este impacto ocurre a miles de kilómetros del consumidor final", explicó Shuntian Wang, estudiante de doctorado del equipo.

Las regiones tropicales resultan más afectadas porque allí se cultivan la palma y el coco, que solo crecen en esos climas. Además, estos ecosistemas tienen gran riqueza biológica y menores rendimientos por hectárea, lo que impulsa la expansión agrícola hacia nuevas áreas, frecuentemente destruyendo bosques naturales. Aunque la producción ocurre principalmente en países tropicales, más de la mitad del impacto sobre la biodiversidad está vinculado a la demanda de otras regiones. Unión Europea, China y Estados Unidos concentran más del 80 por ciento de estos impactos externalizados, relacionados principalmente con la importación de aceite de palma en Europa y el uso de soya para alimentación animal en China.

Estos aceites vegetales están presentes en productos cotidianos como cosméticos, medicamentos, margarinas y alimentos procesados. Su expansión global ha impulsado tanto la producción como la demanda de estas materias primas. Pfister destacó que "desde la perspectiva de la protección ambiental, la pérdida de biodiversidad es un problema tan grande como el cambio climático".

Los investigadores advierten que revertir este daño no será rápido. Incluso si se detuviera completamente la deforestación, los ecosistemas seguirían bajo presión por la ocupación agrícola existente. Para enfrentar el problema, el estudio plantea implementar métodos de producción más respetuosos con el ambiente, reducir la deforestación y adoptar prácticas agrícolas que protejan los suelos y ecosistemas. También es necesario cambiar los patrones de consumo, aunque reconocen que la complejidad de los mercados globales dificulta respuestas simples. Una herramienta clave, concluyen, es invertir en mejores sistemas de producción y protección de ecosistemas en los países donde se originan estos cultivos.

Fuente original: El Tiempo - Vida

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