OIT alerta: 186 millones desempleados y trabajo informal al alza para 2026 en el mundo
La Organización Internacional del Trabajo advierte que el empleo de calidad sigue deteriorándose a nivel mundial. Para 2026 proyecta más de 186 millones desempleados y 2.100 millones trabajadores en informalidad. Los principales obstáculos son la incertidumbre política, el débil crecimiento económico y la lenta transformación hacia sectores más productivos que ofrezcan mejores condiciones laborales.
Las noticias sobre el mercado laboral mundial no son alentadoras. La Organización Internacional del Trabajo acaba de publicar su informe anual sobre tendencias del empleo, y los números que arroja ponen en evidencia que estamos retrocediendo en la lucha por un trabajo digno.
Lo más preocupante es el ritmo lento al que avanzan las mejoras. Desde 2015, la proporción de trabajadores en pobreza extrema solo bajó 3,1 puntos porcentuales, cuando en la década anterior (2005-2015) la reducción fue de más de 15 puntos. Es decir, estamos moviéndonos a paso de tortuga en lo que debería ser una prioridad: sacar gente de la miseria a través del trabajo. Además, en los países más pobres, la tasa de pobreza laboral extrema y moderada se disparó hasta el 68% en los últimos diez años.
El trabajo informal —aquél sin contrato, sin protección social ni seguridad— sigue creciendo. La OIT estima que para 2026 habrá 2.100 millones de personas trabajando de manera informal en todo el mundo, un aumento de 0,3 puntos porcentuales en el último período. Muchas de ellas no eligen esta situación: se ven obligadas por falta de oportunidades, aunque el pago sea miserable.
Un factor clave está en cómo avanzan nuestras economías. Hace 20 años, los trabajadores migraban hacia sectores más productivos y formales, pero esa movilización se ha reducido a la mitad. Según la OIT, "la ralentización de la transición de los trabajadores hacia sectores con mayor formalidad y estatus de empleado no solo es un factor importante de la desaceleración mundial de las mejoras en la calidad del trabajo, sino también del debilitamiento del crecimiento de la productividad".
En materia de desempleo, la organización proyecta que la tasa se mantendrá en 4,9% para 2026, similar a la de años anteriores, pero detrás de este promedio hay historias crudas: más de 186 millones de personas sin empleo y 408 millones en subutilización de mano de obra (gente trabajando menos horas de las que desearía o en empleos para los que está sobrecalificada).
Las regiones presentan panoramas distintos. Latinoamérica y el Caribe lograrían reducir el desempleo, pero América del Norte enfrentaría un aumento. En países de ingresos altos el empleo disminuiría, mientras que en los más pobres crecería un 3,1%, aunque esto no significa que la gente acceda a trabajos dignos, sino simplemente a cualquier empleo.
Sobre la brecha de género, la OIT observa que aunque la diferencia en tasas de desempleo entre hombres y mujeres es pequeña (4,3 puntos porcentuales para 2026), esto no refleja la realidad completa. Las mujeres enfrentan obstáculos más profundos: menos acceso a empleos formales, más trabajo familiar no remunerado y mayor incidencia de pobreza laboral extrema. Lo paradójico es que estas brechas varían mucho entre regiones pero poco entre países según su nivel de ingresos, lo que revela que los estereotipos y normas sociales juegan un papel decisivo.
Para mejorar la situación, la OIT subraya que instituciones laborales sólidas son clave: permiten traducir el crecimiento económico en salarios más altos. Sin embargo, admite que los desafíos crecen: inteligencia artificial, incertidumbre comercial, baja inversión extranjera y estancamiento del comercio amenazan cualquier avance. Con un crecimiento económico global lentificado, la organización deja clara la tarea pendiente: "los países tendrán que depender cada vez más de las políticas nacionales y de los motores de la transformación económica para promover el trabajo decente".
Fuente original: La República - Emprendimiento