Netanyahu frena el acuerdo EE.UU.-Irán: el Líbano como obstáculo para la paz en Medio Oriente
Washington e Irán negocian un memorando que incluye una tregua de 60 días y reapertura del estrecho de Ormuz, pero Israel se niega a retirar sus tropas del Líbano. Benjamin Netanyahu insiste en que sus fuerzas permanecerán "el tiempo que sea necesario" y mantiene operaciones contra Hezbolá. Analistas advierten que sin la participación israelí, el acuerdo podría fracasar y el sur libanés se convierte en el principal obstáculo para la paz regional.
Un acuerdo entre Irán y Estados Unidos está tomando forma, pero deja fuera el punto más conflictivo de la región. Washington y Teherán alcanzaron un memorando que contempla una tregua inicial de 60 días para negociar temas de fondo, especialmente el programa nuclear iraní. El pacto también prevé la reapertura del estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y gas, además de posibles alivios en sanciones e desbloqueo de activos congelados. Sin embargo, los detalles siguen siendo vagos. El vicepresidente estadounidense J.D. Vance y funcionarios de ambos países han reconocido que el documento es apenas un marco general. La firma formal está programada para el viernes 19 de junio en Suiza, pero los temas más sensibles quedaron para una segunda fase de negociaciones.
Entre esos asuntos pendientes destaca el Líbano. Mientras Irán sostiene que el fin de la guerra implica detener todas las hostilidades regionales, incluidos los combates en territorio libanés, Estados Unidos ha evitado confirmar que la retirada israelí sea parte de los compromisos. La brecha es crucial porque el sur de Líbano se convirtió en el principal punto de fricción entre las prioridades de Teherán, Washington e Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha reiterado que las tropas israelíes permanecerán "el tiempo que sea necesario" y que Israel seguirá actuando militarmente contra Hezbolá. Alberto García Watson, analista internacional y excorresponsal de guerra en Líbano, advierte en entrevista con France 24 que esta postura amenaza con vaciar de contenido cualquier entendimiento entre Washington y Teherán. "Sin Israel, que es uno de los puntos más conflictivos que existen en este momento, la resolución de este conflicto no tiene realmente visos de que vaya a solucionarse", señala.
Según García Watson, las declaraciones del ministro de Defensa israelí Israel Katz reflejan una estrategia de consolidación militar en varios frentes. "Israel no se va a retirar de ninguno de los puntos en los que en este momento se encuentra establecido ocupando territorio, ni en Siria, ni en el Líbano, ni tampoco en la Franja de Gaza o Cisjordania", recalca el experto. Los continuos ataques israelíes en territorio libanés evidencian, según él, una falta de voluntad para cerrar el conflicto. "No existe por parte de Israel ningún interés en acabar con este conflicto", asegura.
Más allá de lo militar, hay factores políticos internos que explican la posición de Netanyahu. García Watson vincula la continuidad de las operaciones militares con la frágil coalición gubernamental israelí. "Cada vez que hay un problema o una crisis de gobierno o hay elecciones en el horizonte, la mejor forma de adquirir la simpatía de la mayoría de la población es entrar en conflicto bélico", recuerda. Además, la paz podría traerle riesgos judiciales al primer ministro, quien enfrenta cargos de corrupción. "Mientras haya conflicto bélico, la Justicia va a darle a Benjamin Netanyahu la oportunidad de no sentarse en el banquillo", subraya.
La frustración crece en Washington. El presidente Donald Trump admitió públicamente durante la cumbre del G7 que no está satisfecho con la actuación israelí en Líbano y que la prolongación de la ofensiva proyecta una imagen negativa sobre el acuerdo con Irán. La paradoja es evidente: Estados Unidos prioriza sus intereses estratégicos (reapertura del estrecho de Ormuz, estabilización energética, reducción de costos económicos), pero enfrenta la pregunta de si tiene suficiente capacidad política para obligar a Israel a alinearse. "Estados Unidos tiene una agenda, pero Israel tiene la suya propia", resume García Watson.
El analista se muestra escéptico sobre cambios en la posición israelí durante los próximos 60 días. "Soy muy pesimista de que en el transcurso de estos 60 días, que van a ser decisorios para poder culminar con un cese al fuego ya permanente y definitivo, realmente Israel vaya a dar su brazo a torcer", advierte. Si Netanyahu mantiene su negativa a retirarse y Teherán insiste en que la retirada es condición indispensable para la paz, el sur de Líbano podría convertirse en la piedra en el zapato que hunda todo el acuerdo. El mayor avance diplomático en Medio Oriente de los últimos años podría fracasar precisamente donde Israel mantiene influencia decisiva.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



