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Negociaciones rotas y uranio: por qué estalló de nuevo la tensión entre EE.UU. e Irán

Fuente: France 24 - Medio Oriente
Negociaciones rotas y uranio: por qué estalló de nuevo la tensión entre EE.UU. e Irán
Imagen: France 24 - Medio Oriente Ver articulo original

El enfrentamiento entre Washington y Teherán no fue repentino sino resultado de semanas de negociaciones fallidas mediadas por Qatar. El control del estratégico estrecho de Ormuz, las exigencias sobre el programa nuclear iraní y cambios de último momento en las propuestas estadounidenses escalaron la crisis. Aunque ambas partes mantienen canales diplomáticos abiertos, cada intercambio de ataques aleja más la posibilidad de un acuerdo.

Cuando un helicóptero militar estadounidense fue derribado en el estrecho de Ormuz a mediados de junio, la chispa encendió lo que venía siendo una olla a presión diplomática. Estados Unidos respondió con bombardeos limitados a sistemas de radar y vigilancia iraní el 9 de junio, y horas después Irán lanzó misiles contra objetivos en Jordania, Kuwait y Baréin. Pero este no fue un conflicto que surgiera de la nada. Detrás de los cañonazos hay semanas de negociaciones estancadas, frustraciones acumuladas y una serie de cálculos estratégicos que condujeron al desplome de lo que parecía estar cerca de ser un acuerdo.

La verdadera batalla no es solo militar sino política. Según altos funcionarios de la Casa Blanca que hablaron con Axios bajo condición de anonimato, incluso cuando Washington decidió atacar aún no sabía con certeza si el derribo del helicóptero había sido intencional o accidental. La reacción llegó porque rechazarla habría parecido debilidad, tanto en lo militar como en lo diplomático. Pero fue cuidadosa: Washington incluso notificó a Irán horas antes de qué objetivos atacaría, intentando así mantener viva la posibilidad de negociar mientras demostraba que no aceptaría provocaciones sin respuesta.

El verdadero pulso está en el estrecho de Ormuz, esa angosta vía marítima que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y por donde transita buena parte del petróleo y gas mundial. Irán ha restringido severamente el tráfico en esa zona, afectando los precios internacionales de energía. Washington ve en esta capacidad iraní un arma de presión económica y política que debe ser controlada. Por eso, Trump planteó como condición clave la libre circulación de buques sin peajes ni restricciones. Los ataques contra sistemas de vigilancia iraní también apuntaban a mermar esa capacidad de control.

El meollo de la disputa sigue siendo el uranio enriquecido. Estados Unidos exige que Irán reduzca significativamente sus reservas de uranio altamente enriquecido porque considera que esto lo acerca a la capacidad de fabricar armas nucleares. Irán sostiene que su programa es exclusivamente civil y se niega a entregar sus reservas. Además demanda el levantamiento de sanciones económicas y acceso a miles de millones en activos congelados. A finales de mayo, con mediación de Qatar, ambas partes parecían acercarse. Trump incluso cedió en un punto importante: permitir que Irán redujera su material nuclear dentro de su propio territorio bajo supervisión internacional, en lugar de exigir que lo hiciera en el extranjero. Pero introdujo nuevas exigencias de último momento: que Irán redujera el uranio en 60 días y garantizara absolutamente la libre navegación.

Teherán pidió varios días para responder. Esos días se convirtieron en casi dos semanas. La frustración en la Casa Blanca creció. Trump consideró que Irán dilataba deliberadamente las conversaciones, mientras Teherán insistía en que congelara activos de forma anticipada, algo que Washington rechazó. Mientras tanto, el conflicto regional se complicó más cuando Israel lanzó ataques sobre Beirut contra objetivos que asegura son de Hezbolá, Irán respondió con misiles contra Israel, e Israel bombardeó Teherán. Esos enfrentamientos alteraron profundamente el clima de las negociaciones. Desde la perspectiva iraní, cualquier concesión diplomática después de recibir ataques israelí habría parecido debilidad interna.

Hoy la situación permanece en una frágil tensión. Los canales diplomáticos no se han cerrado completamente. Washington mantiene una estrategia dual: presión militar limitada combinada con intentos de mantener vivas las negociaciones. La Casa Blanca insiste en que el acuerdo sigue siendo posible, pero también advierte que habrá consecuencias si Irán continúa retrasando una respuesta. El desafío para ambas partes es evitar que los ataques destruyan definitivamente una negociación que, según mediadores, estuvo muy cerca de concretarse hace pocas semanas.

Fuente original: France 24 - Medio Oriente

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