Murió Álvaro "El Pali" Gámez, el maestro que le dio alma musical al Carnaval de Riohacha

Álvaro "El Pali" Gámez, músico guajiro que durante décadas fue fundamental en la identidad sonora del Carnaval de Riohacha, falleció el martes 21 de abril de 2026. El artista, hijo de músico, combinó la salsa con la investigación profunda de la música tradicional riohachera, dejando un legado de canciones que trascienden el carnaval y se convirtieron en parte del alma colectiva de la ciudad. Su disco "Vida al Folclor" rescató el patrimonio musical de Riohacha, integrando ritmos indígenas, africanos y caribeños.
Riohacha amaneció de luto el martes 21 de abril de 2026. En las primeras horas de la mañana, cuando el mar Caribe todavía guardaba el calor de la noche, se fue Álvaro "El Pali" Gámez, un hombre cuya vida entera fue una canción que le pertenecía a esta ciudad.
El Pali no era un músico que simplemente pasó por Riohacha. Era de esos artistas que llevan La Guajira en cada nota que tocan. Hijo del director de la Orquesta Los Satinos, creció rodeado de instrumentos y de esa electricidad que respira la música cuando es de verdad. Aprendió percusión, tocó batería en Los Yorkis, dirigió orquestas, cantó vallenato y lo que hiciera falta. Pero sobre todo, entendió desde joven que Riohacha no era solo acordeón: Riohacha era Caribe, y el Caribe tiene muchos colores.
En 1985 grabó su primer sencillo llamado "Carnaval" y fundó la Orquesta del Pali Gámez. No fue coincidencia que la eligiera como nombre. El carnaval era ya su universo, su lenguaje, su razón de existir. Con esa agrupación se posicionó en La Guajira, el Cesar y el Atlántico, y en 1996 debutó en Barranquilla durante el Festival de Orquestas en el estadio Tomás Arrieta, cosechando aplausos de un público que no esperaba ver a un guajiro sonero con tanta convicción y swing.
Pero lo que distinguió realmente al Pali fue su compromiso con la memoria. Antes de grabar su primer disco, recorrió archivos, habló con ancianos, recuperó melodías olvidadas. El resultado fue "Vida al Folclor", una producción que, como dijo él mismo, "no era solo salsa, sino un compendio del legado histórico musical de nuestra ciudad: los sonidos indígenas, el ritmo de los negros africanos de raigambre riohachera, las polkas, los danzones, las mazurcas, las gaitas y cumbiambas que animaron las fiestas de Riohacha durante siglos". Ese disco, grabado en Bogotá con dirección artística de Raúl Villa e Ignacio González, rescató también la memoria de la Jazz Band Riohacha de 1967 y del grupo Vieja Guardia, donde brillaban músicos como Adolfo Correa, Juan Gámez, Antonio Choles y Hermócrates Pimienta. El Pali fue guardián antes que estrella.
Sus canciones carnavaleras se convirtieron en la banda sonora de la fiesta mayor riohachera. Décadas después de haber sido compuestas, sus piezas siguen siendo repertorio infaltable en cada pilón, en cada comparsa, en cada madrugada de embarradores. Sus creaciones tienen sabor a sal, a muelle, a barro de laguna, a noche de pilón. Son intemporales porque son verdaderas.
En la celebración de los 52 años del departamento de La Guajira, fue El Pali Gámez quien interpretó el Pilón Riohachero en el escenario del Parque Padilla, en medio de una Big Band con 30 artistas. Nadie más justo. Nadie más legítimo. Porque ese hombre fue uno de los pilares musicales que le dio forma sonora a la fiesta mayor de Riohacha.
El Pali demostró que en Riohacha se puede hacer música que no sea vallenato y ser profundamente guajiro. Demostró que la investigación y la creación no se contradicen, sino que se alimentan. Y demostró, sobre todo, que cuando un músico ama genuinamente su tierra, esa tierra le responde con canciones que duran más que él mismo. Las suyas ya son eternas. Riohacha llora hoy, pero mañana bailará su música. Porque esa es la manera más honrada de despedir a quienes amamos: con el pilón sonando, con los pies moviéndose, con el corazón partido, pero la alegría intacta.
Fuente original: Guajira News
