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Menos niños, menos estudiantes: la caída de natalidad desafía la educación en Colombia

Fuente: El Tiempo - Vida
Menos niños, menos estudiantes: la caída de natalidad desafía la educación en Colombia
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En 2024, la matrícula escolar en Colombia cayó un 2,3%, principalmente porque hay menos niños naciendo cada año. El preescolar fue el más afectado con una disminución del 5,2%. Aunque hay menos demanda de educación, persisten brechas profundas entre zonas urbanas y rurales, y en modalidades como los CLEI y modelos flexibles destinados a estudiantes en riesgo. El sistema educativo debe adaptarse a esta nueva realidad demográfica mientras garantiza calidad e equidad en todo el territorio.

Colombia está experimentando una transformación silenciosa en su sistema educativo. Cada año ingresan menos niños a las aulas porque la tasa de natalidad ha disminuido considerablemente en las últimas dos décadas. La cifra es clara según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE): en 2024 se matricularon 9,3 millones de estudiantes en educación formal, lo que representa una caída del 2,3% respecto a 2023.

Este descenso no es accidental. Refleja una tendencia demográfica profunda: la tasa de fecundidad pasó de cerca de dos hijos por mujer a solo uno. Eso significa que las cohortes de estudiantes que ingresan al sistema seguirán reduciéndose en los próximos años, a menos que el país reciba un flujo importante de inmigrantes. El preescolar fue el nivel más impactado, con una caída del 5,2% en matriculación, evidenciando que el cambio comienza desde los primeros grados.

Aunque menos estudiantes podría parecer un alivio para el sistema, la realidad es más compleja. La matrícula se concentra desproporcionadamente en ciertas regiones: Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca, Cundinamarca, Atlántico y Bolívar concentran casi el 50% de todos los estudiantes del país. Además existe una brecha brutal entre lo urbano y lo rural. Mientras el 76% de los estudiantes estudia en colegios urbanos, el 24% asiste a sedes rurales. Sin embargo, el 67,4% de todas las sedes educativas está localizado precisamente en zonas rurales, lo que evidencia una oferta desequilibrada.

Los docentes tampoco están distribuidos equitativamente. De los 493.602 profesores registrados en 2024, el 71,3% trabaja en áreas urbanas contra apenas el 28,7% en zonas rurales. La brecha tecnológica agrava la situación: mientras el 95% de las sedes urbanas tiene acceso a internet, apenas el 57,2% de las rurales cuenta con esa conectividad.

El sistema ha intentado responder con modalidades como los Ciclos Lectivos Especiales Integrados (CLEI) y modelos educativos flexibles, diseñados para estudiantes con trayectorias interrumpidas o en condiciones de vulnerabilidad. Sin embargo, los resultados son desalentadores. En los CLEI la matrícula cayó en la mayoría de ciclos, y estos programas registraron una tasa de deserción del 9,0% en 2023, casi tres veces superior al promedio nacional del 3,2%.

El desafío ya no es ampliar cobertura, sino garantizar calidad y equidad en un escenario de menor demanda. Colombia debe tomar decisiones de planeación educativa basadas en esta nueva realidad demográfica. Eso implica mejorar simultáneamente la calidad, la eficiencia y la equidad, asegurando que todos los estudiantes del país, sin importar si viven en una ciudad o en una vereda, tengan acceso a una educación que les prepare para el futuro. La tarea es adaptar el sistema a una realidad educativa completamente diferente a la que se conocía hace una década.

Fuente original: El Tiempo - Vida

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