Medellín abre centro de lavado comunitario para liberar tiempo y dignidad en las mujeres cuidadoras
La Alcaldía inauguró en Manrique el primer Centro de Lavado Comunitario público, equipado con máquinas de alta tecnología que lavan y secan ropa gratis mientras las mujeres participan en cursos y actividades para su bienestar. Beneficia directamente a 38 mujeres que asisten dos veces por semana, reduciendo las siete horas diarias que dedican al trabajo doméstico no remunerado. La iniciativa busca cerrar la brecha de desigualdad: mientras las mujeres gastan siete horas en tareas del hogar, los hombres dedican solo tres.
En los barrios populares de Medellín, lavar ropa a mano es una realidad que consume horas enteras de la vida de muchas mujeres. Sin espacio para secar las prendas, sin lavadora propia, o con dificultades físicas que llegan con los años, cientos de madres cabeza de familia, adultas mayores y cuidadoras enfrentan este desafío a diario. Ahora, la Alcaldía de Medellín decidió transformar esa realidad con una idea sencilla pero potente: un espacio donde mientras máquinas modernas hacen el trabajo pesado del lavado, ellas recuperen tiempo para sí mismas.
El primer Centro de Lavado Comunitario público de la ciudad funciona en la UVA La Alegría, en Manrique, con cuatro torres de alta tecnología que integran lavadora y secadora. Actualmente beneficia directamente a 38 mujeres que asisten dos veces por semana. El proceso es ordenado: registran la ropa, la pesan, la cuentan, y mientras ciclos de lavado y secado hacen su magia, ellas acceden a algo invaluable: tiempo libre. El alcalde Federico Gutiérrez explicó así la propuesta: "Van a llegar aquí con su ropita y ellas, una vez entran y entregan esto, se van a dedicar dos horitas para ellas. Les vamos a hacer masajes, van a tener clases de aeróbicos, clases de yoga y clases de formación".
Ese tiempo robado al cansancio se traduce en oportunidades reales. Mientras el centro asume tareas que tradicionalmente consumen hasta seis horas en un hogar, las usuarias acceden a cursos de autonomía económica, atención psicológica, arteterapia, y espacios de encuentro. El impacto es evidente: no solo se trata de ropa limpia. La Secretaria de las Mujeres, Valeria Molina Gómez, fue clara sobre lo que se busca: "Lo que se quiere es que las mujeres cuidadoras puedan bajar esas horas de cuidado y tengan calidad de vida, conectarse con sus sueños y hacer redes de apoyo". Los números respaldan la urgencia: una mujer en Medellín dedica siete horas diarias a tareas de cuidado directo, indirecto y labores domésticas, mientras los hombres destinan tres horas a lo mismo.
Las beneficiarias hablan del cambio en sus vidas con palabras que pesan. Doris Higuita, quien no tenía patio ni balcón para extender su ropa, relata: "Acá me la entregan ya lista y seca. Además, aprovecho para hacer un curso en la UVA". Para Doralba Cardona, que no tenía lavadora y alquilaba máquina, el centro representa alivio económico y físico: "Esto le ayuda mucho al bolsillo. Lavar a mano pesa mucho, pero uno hace el modo de traerla acá". Dionny Castrillón lo ve como oportunidad de crecimiento: "Agradezco a la Alcaldía porque me dan la oportunidad de sacar un tiempecito para mí. Participo en las aulas y en la Biblioteca de la Confianza mientras me ayudan con el lavado".
Con este proyecto piloto en Manrique, Medellín reconoce que el trabajo de cuidado no remunerado es una barrera real para el desarrollo de las mujeres. No es solo un centro de lavado; es un paso hacia una ciudad más justa, donde las labores del hogar dejan de ser un techo que limita los sueños.
Fuente original: Minuto30
