Los servidores de IA generan "islas de calor" que afectan a 343 millones de personas en América Latina

Un estudio de universidades internacionales reveló que los centros de datos de inteligencia artificial elevan la temperatura del suelo en promedio 2,07 grados Celsius, con efectos que se sienten hasta 10 kilómetros de distancia. El fenómeno, bautizado como "efecto de isla de calor de datos", ya impacta regiones como el Bajío mexicano, Aragón en España y el noreste de Brasil, donde viven millones de personas. El consumo energético de estas instalaciones se dispara: en 2024 alcanzó el 1,5% de toda la electricidad mundial y se proyecta que casi se duplique para 2030.
Cada vez que usas ChatGPT, generas una imagen con inteligencia artificial o entrenas tu propio modelo de lenguaje, hay miles de servidores detrás de pantalla trabajando sin parar. Esos equipos consumen electricidad de manera masiva y generan un calor que muchos no ven pero que está transformando el clima local en varias regiones del planeta. Un nuevo estudio de investigadores de universidades como Cambridge, Nanyang Technological de Singapur y City University de Hong Kong puso números a algo que era apenas una sospecha.
El equipo analizó datos de temperatura capturados por satélites de la Nasa entre 2004 y 2024 en más de 11.000 centros de datos alrededor del mundo. El resultado fue claro: donde llega un hiperescalador de inteligencia artificial, la temperatura del suelo sube. Según Andrea Marinoni, profesor de la Universidad de Cambridge y autor del estudio, "La temperatura de la superficie terrestre aumenta 2,07 °C en promedio tras el inicio de operaciones de un centro de datos de IA, induciendo zonas de microclima local, a las que llamamos el efecto de isla de calor de datos". El fenómeno es similar a lo que pasa en las grandes ciudades, donde el asfalto y los edificios generan un calor adicional comparado con el campo aledaño. La diferencia es que los centros de datos crean su propio efecto de calentamiento incluso fuera de zonas urbanas, y en algunos casos extremos el aumento llegó hasta 9,1 grados.
Lo preocupante no es solo el calor en la puerta del edificio. Los investigadores encontraron que el aumento de temperatura se extiende hasta 10 kilómetros de distancia, manteniendo intensidad a 7 kilómetros y dejando un promedio de 1 grado Celsius más a 4,5 kilómetros. Para entender por qué sucede esto, hay que mirar el apetito energético brutal de estas máquinas. Un solo centro de datos de IA requiere entre 50 y más de 100 megavatios de potencia continua, lo equivalente al consumo eléctrico de una ciudad de 80.000 a 100.000 habitantes. En 2024, todos los centros de datos de IA del mundo consumieron aproximadamente 415 teravatios-hora, alrededor del 1,5% de toda la electricidad mundial. La Agencia Internacional de Energía proyecta que casi se duplique para 2030, llegando a 945 teravatios-hora, más que todo lo que gasta Japón actualmente. En Estados Unidos el escenario es más crítico: el sector consumió 183 teravatios-hora en 2024 y se espera que alcance el 12% del total nacional para 2030. Como advierte la Agencia Internacional de Energía, ya no será la falta de chips lo que limite el crecimiento de la IA, sino simplemente la electricidad disponible.
El calor también existe porque mucha de esa energía no se convierte en trabajo útil. Dentro de un centro de datos, el 60% va a servidores y procesadores gráficos, pero hasta el 65% de la energía total puede no convertirse directamente en cálculos útiles. El resto se desperdicia en refrigeración, pérdidas eléctricas y sistemas de respaldo. Por eso el calor residual es inevitable.
El estudio identificó tres zonas geográficas donde el impacto es más visible. En el Bajío mexicano, región que se consolidó en dos décadas como destino privilegiado para centros de datos orientados a Norteamérica, la temperatura superficial ha subido 2 grados durante ese período, una anomalía que no aparece en áreas cercanas. En Aragón, España, el aumento es similar: aproximadamente 2 grados Celsius, lo que destaca respecto a provincias vecinas. Pero el caso más preocupante está en el noreste de Brasil, particularmente alrededor de Teresina. Allí las temperaturas han subido 2,8 grados Celsius, y proyecciones apuntan a que podrían alcanzar 3,5 grados en los próximos cinco años.
La dimensión humana del problema es contundente. Más de 343 millones de personas viven actualmente dentro de un radio de 10 kilómetros de estos centros de datos. Las consecuencias no son teóricas: afectan directamente la salud pública, la calidad del aire, el consumo energético de los hogares y el acceso al agua. Marinoni lo resume así: "Esto hace que el efecto de isla de calor de datos sea un fenómeno muy difícil de considerar negligible, ya que puede conducir, al igual que el efecto de isla de calor urbano, a un impacto dramático sobre el bienestar, la salud y los sistemas energéticos". Es decir, cada búsqueda que haces en internet tiene un costo térmico real para millones de personas que viven cerca de estos servidores invisibles.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología


