Los colombianos gastaron más en enero, pero es el mes más débil del último año

En enero de 2026 los hogares gastaron 101 billones de pesos, 8% más que hace un año, pero la cifra representa una desaceleración importante frente a diciembre. El empleo, el crédito y las remesas sostienen el consumo, aunque la caída de ingresos por ocupado y la inseguridad preocupan a las familias. La inflación sigue siendo un freno para la capacidad de compra real de los colombianos.
El bolsillo de los colombianos comenzó 2026 con un comportamiento contradictorio: más dinero gastado que hace un año, pero un mes notoriamente más apretado que lo habitual. Los hogares desembolsaron 101,01 billones de pesos en enero, cifra que representa un aumento de 8% en términos nominales comparada con el mismo mes de 2025. Sin embargo, cuando se ajusta por inflación, el gasto real creció apenas 2,54%, lo que marca el enero más débil que se ha registrado en años recientes.
Para entender qué pasó, hay que mirar lo que sucedió antes. Diciembre fue mes de primas, bonificaciones y compras decembrinas. Enero llega cuando esas rachas de dinero extra ya se agotaron y los hogares necesitan recomponer sus cuentas. Es un fenómeno estacional que sucede todos los años, pero este año fue más pronunciado. Según el análisis de Raddar, el comportamiento sugiere que "el gasto de los hogares se mantiene en terreno positivo en la comparación interanual, reflejando el ajuste gradual que se acumuló a lo largo del año en un contexto de menor tasa de desempleo, mayor dinamismo en fuentes de financiación como el crédito y las remesas, y una mejora en la confianza del consumidor".
Lo que sostuvo el gasto en enero fue el crédito. Las tarjetas de crédito crecieron 22,3% anualmente, jalonando una expansión crediticia general de 20,1%. Esto significa que muchas familias, sin suficiente liquidez después de las compras navideñas, recurren al plástico para seguir consumiendo. El transporte y el alojamiento ganaron impulso por los viajes de vacaciones tardíos, mientras que el regreso a clases activó la demanda de útiles escolares y uniformes.
Pero aquí viene lo que debe preocupar en el bolsillo real: aunque el salario mínimo real creció 16,8% anualmente, los ingresos promedio por persona ocupada bajaron 4,3%. Eso significa que si bien un trabajador mínimo puede comprar más que hace un año, la mayoría de los ocupados están ganando menos en términos reales. En los hogares de ingresos bajos y medios, la gente priorizó gastos en aseo, tabaco y bebidas alcohólicas. En los de ingresos altos, la salud ocupó más espacio, alimentada por la búsqueda de seguros privados ante la presión del sistema público.
La inflación sigue siendo un peso muerto en todo esto. Más del 40% de los productos del mercado mantienen subidas por encima de lo que era normal entre 2016 y 2019, lo que significa que la estabilidad de precios está aún lejos. Además, dos preocupaciones nuevas acorralaron a las familias: la inseguridad y la movilidad. La seguridad y la violencia son ahora los temas que más inquietan a los colombianos debido al aumento de la criminalidad. Y la movilidad, impulsada por aumentos en el transporte público y las obras del metro, comienza a ocupar un lugar importante en el radar de las preocupaciones, afectando especialmente a quien menos tiene.
Raddar concluye que aunque hay presiones sobre la capacidad de compra, las condiciones económicas podrían seguir sosteniendo el gasto en el corto plazo. Pero ese crecimiento está amarrado a que el crédito se mantenga accesible y a que la creación de empleo no se frene. En otras palabras, estamos consumiendo con dinero prestado mientras esperamos que las cosas se acomoden.
Fuente original: El Tiempo - Economía
