Lo que el espacio le hace al cerebro: por qué los astronautas casi no pueden caminar al regresar

Cuando los astronautas regresan de misiones espaciales, su cerebro necesita reprogramarse para funcionar nuevamente bajo gravedad. Un estudio reciente explica cómo la ausencia de gravedad reprograma sistemas neurológicos básicos, dejando a los viajeros del espacio sin poder realizar acciones cotidianas como caminar recto o sostener objetos con la fuerza correcta. El proceso de recuperación toma días y revela cómo nuestro cerebro está constantemente prediciendo lo que sucederá con nuestro cuerpo según las reglas del ambiente.
Las imágenes del regreso de la misión Artemis II parecen triunfales: astronautas sonrientes, abrazos, celebraciones. Pero detrás de cámaras hay algo menos visible y mucho más fascinante ocurriendo dentro del cuerpo de Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen. Después de diez días en el espacio, su cerebro literalmente olvidó cómo funciona la gravedad.
Los investigadores de la Universidad Católica de Lovaina y el centro Ikerbasque han empezado a descifrar este misterio. Publicaron un estudio que muestra algo sorprendente: la gravedad deja una marca tan profunda en el cerebro que cuando desaparece, todo el sistema de orientación espacial se reprograma.
Imagínate agarrar una taza de café. Tu cerebro sabe automáticamente cuánta fuerza usar porque sabe que si la sueltas, caerá. En el espacio, esa lógica no existe. Los astronautas entonces aprenden a soltar su grip y dejar flotar los objetos. Aquí viene lo interesante: cuando regresan a la Tierra, sus cerebros siguen con esa programación antigua. Aprietan más fuerte de lo necesario, como si el objeto fuera a caer constantemente. Es como un reflex que se quedó atrapado en el tiempo.
Christina Koch compartió videos en su instagram mostrando exactamente cómo se ve esto. Con los ojos cerrados intenta caminar en línea recta pero se tambalea. "Supongo que tendré que esperar un poco para volver a surfear", bromeó, pero la realidad es seria. Su cerebro necesitaba reaprender algo que todos hacemos sin pensar.
La explicación es del propio sistema que nuestro cuerpo usa para mantenerse orientado. Cuando vives en microgravedad, los órganos vestibulares (esos sensores dentro de tu oído que te dicen dónde está arriba y abajo) dejan de funcionar como siempre. Tu cerebro simplemente aprende a ignorarlos. Según Koch: "Nuestro cerebro aprende a ignorar esas señales, por lo que, al regresar a la gravedad, dependemos en gran medida de nuestros ojos para orientarnos visualmente".
Una semana después del regreso, Koch reportaba que ya estaban mejorando. Pero lo fascinante es que esto no es solo una anécdota de recuperación: "Caminar en tándem con los ojos cerrados puede ser todo un desafío! Aprender sobre esto puede ayudarnos a mejorar el tratamiento del vértigo, las conmociones cerebrales y otras afecciones neurovestibulares en la Tierra", escribió.
A todo esto se suma que los músculos también se debilitan en la ausencia de gravedad. Sin resistencia que vencer, el cuerpo se relaja y pierde masa. Cuando regresan, cada paso requiere más esfuerzo del que recuerdan. Los investigadores creen que todo apunta a que nuestro cerebro está constantemente prediciendo lo que sucederá según las reglas del ambiente. Cuando esas reglas cambian, las predicciones se desmoronan y necesitan tiempo para recalibrarse.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología
