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Tech sin mujeres en la dirección: solo 1 de cada 5 líderes es mujer en las Américas

Fuente: Impacto TIC
Tech sin mujeres en la dirección: solo 1 de cada 5 líderes es mujer en las Américas
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Un estudio de la OEA revela que menos del 20 por ciento de los cargos directivos en tecnología en las Américas los ocupan mujeres. Las barreras van desde discriminación en la educación hasta violencia laboral y falta de financiamiento para emprendimientos. En Colombia la situación no mejora: los ministerios de transformación digital apenas tienen representación femenina y el sector privado sigue dominado por hombres.

Si miras alrededor en las salas de juntas de las empresas tecnológicas de América Latina, lo que falta es evidente: mujeres en puestos de poder. Un nuevo estudio de la Comisión Interamericana de Mujeres de la OEA acaba de confirmar lo que muchas ya sabían: menos de 1 de cada 5 personas en cargos directivos del sector tecnológico es mujer en toda la región. Los números son crudos. En el sector público, solo 27,3 por ciento de los ministerios o entidades de Transformación Digital están bajo liderazgo femenino. En Colombia, apenas 8 de los 22 ministerios de Transformación Digital identificados en toda América Latina tienen una mujer al frente. En el sector privado, la cosa es aún peor: solo 28,2 por ciento de la fuerza laboral tecnológica son mujeres, y si hablas de Inteligencia Artificial, apenas 5 de 42 empresas lideradas por mujeres aparecen en las listas más importantes.

Las barreras que sostienen esta desigualdad son profundas y empiezan temprano. Desde la infancia, los estereotipos funcionan como un filtro invisible. En Colombia, Belice y Costa Rica, solo el 30 por ciento de las adolescentes quiere estudiar carreras en ciencia, tecnología, ingeniería o matemática, mientras que el 58 por ciento de los varones lo considera. Una vez entran al mundo laboral, las mujeres enfrentan discriminación sistemática: su liderazgo es cuestionado, sus ideas ignoradas en reuniones o atribuidas a otros. Además, se concentran en roles de menor jerarquía. Solo el 24,4 por ciento de las posiciones de gestión en tecnología las ocupan mujeres, y apenas el 12,2 por ciento llega a la alta dirección. La brecha salarial también duele: las mujeres deben trabajar un 28 por ciento más para ganar lo mismo que sus colegas hombres en el sector. Los emprendimientos dirigidos por mujeres reciben apenas el 65 por ciento del capital que obtienen los negocios de hombres.

La violencia laboral es quizá la barrera más invisible pero más destructiva. El 48 por ciento de las mujeres en tecnología a nivel global ha sufrido hostigamiento en el trabajo, frente al 11 por ciento de los hombres. En Argentina, el panorama es aún más oscuro: el 80 por ciento de las mujeres en tecnología ha enfrentado alguna forma de violencia laboral. A esto se suma la carga desproporcionada del cuidado: responsabilidades en casa, cuidado de hijos y personas mayores afectan la disponibilidad de las mujeres para asumir roles de liderazgo o dedicarse a emprendimientos tecnológicos.

¿Qué propone el estudio de la OEA para cambiar esto? Medidas concretas para gobiernos y empresas. Primero, integrar metas de paridad de género en las políticas nacionales de ciencia y tecnología. Segundo, garantizar que todos los datos sobre el sector se recopilen desagregados por género, algo que hoy no sucede. Tercero, crear programas de inserción femenina en áreas de especialización alta como Inteligencia Artificial, ciberseguridad y computación cuántica. Cuarto, establecer mecanismos reales de rendición de cuentas sobre quién dirige instituciones públicas y privadas de tecnología.

El llamado es urgente. Sin mujeres en las salas donde se diseñan los algoritmos, donde se deciden las inversiones y donde se formulan las políticas digitales, la transformación tecnológica de la región simplemente repetirá y profundizará las desigualdades que ya existen. En Colombia, líderes del sector ya presentaron una hoja de ruta al Gobierno, pero el movimiento de la aguja sigue siendo lento. La realidad es que esta brecha no es solo un problema de justicia: es un problema económico. La región necesita el talento de la mitad de la población para ser competitiva y sostenible.

Fuente original: Impacto TIC

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