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Lo que cuesta ignorar los términos y condiciones que nunca leemos en internet

Fuente: BBC Mundo - Tecnología

Cada vez que aceptamos términos y condiciones sin leer, renunciamos a derechos sin saberlo. Leer todos los contratos de los sitios que visitamos tomaría 76 días laborales. Las empresas pueden cambiar las reglas cuando quieran, y a menudo venden nuestros datos a terceros sin que nos enteremos.

Probablemente ha hecho clic en "He leído y acepto las condiciones de uso" cientos de veces sin ni siquiera intentar leerlas. No es por pereza: los términos y condiciones de los principales sitios web son simplemente insoportables. Paypal tiene 36.275 palabras (más largo que Hamlet), y iTunes suma casi 20.000.

Dos investigadores de Carnegie Mellon hicieron las cuentas. Tomaron la longitud promedio de estos documentos en los 75 sitios web más visitados, consideraron la velocidad de lectura normal y calcularon cuántos sitios visita un usuario promedio. El resultado: le tomaría 76 días de trabajo completo leer todos los términos y condiciones de internet.

Pero aquí viene lo verdadero: aunque los leyera, encontraría trampas. Hugo Roy dirige un proyecto llamado Terms of Service; Didn't Read (tosdr.org) justamente para exponer lo que él llama "la mayor mentira en la web". Un ejemplo: una empresa dice que no venderá sus datos, pero abajo del documento especifica que sí se los pasará a otros "socios". Peor aún, casi todos los contratos incluyen una cláusula que permite cambiar las reglas cuando quieran, sin pedirle permiso.

Lo más preocupante es lo que sacrificamos sin darnos cuenta. Roy rechaza el intercambio injusto: quiere poder expresarse en redes sin que le sigan rastreadores por toda la web. "Sin el derecho a la lectura anónima, la libertad de expresión se reduce", explica. Y tiene razón: cuando los sitios controlan quién lee qué, favorecen a Google y Facebook, que viven del negocio de la publicidad dirigida.

Cambiar esto no es fácil cuando gigantes como YouTube o Facebook dominan. Pero Roy sugiere empezar con pequeñas acciones. Los usuarios pueden buscar alternativas como Vimeo o Dailymotion, y si suficientes personas las usan, esas plataformas sienten la presión. También está la opción política: hablar con representantes en el gobierno para que promulguen leyes que protejan mejor nuestros derechos en línea.

La realidad es que al vivir conectados, la mayoría de nuestros derechos fundamentales se ejercen en internet: libertad de expresión, privacidad, acceso a información. No podemos ignorar qué estamos firmando, aunque leer sea casi imposible.

Fuente original: BBC Mundo - Tecnología

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