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Lesiones de rodilla en niños: cómo reconocerlas, prevenirlas y tratarlas

Fuente: Mediplus - Qué hay de nuevo

La rodilla de los menores puede dañarse por caídas, accidentes o movimientos repetitivos en el deporte. Las lesiones van desde esguinces hasta fracturas, y sus síntomas incluyen dolor, hinchazón y debilidad. Con equipo de protección adecuado, técnica correcta al moverse y fortalecimiento muscular se pueden prevenir muchas lesiones. El tratamiento depende del tipo de daño y puede ir desde reposo y aplicación de hielo hasta fisioterapia o cirugía.

La rodilla es una articulación compleja que conecta el fémur (hueso del muslo) con la tibia (hueso de la espinilla). Está formada por huesos, músculos, cartílago, ligamentos y tendones que trabajan juntos para permitir que las piernas se doblen, se estiren y giren. Cuando alguna de estas partes se daña, hablamos de una lesión de rodilla, un problema frecuente en niños y adolescentes que practican deportes o sufren caídas.

Las lesiones de rodilla en menores pueden ser de varios tipos. Los esguinces ocurren cuando los ligamentos se estiran o rompen, como sucede con el ligamento cruzado anterior. Las distensiones afectan músculos y tendones, mientras que la tendinitis es la inflamación de un tendón, común en deportistas que saltan mucho. También existen roturas del cartílago interno de la rodilla, fracturas óseas, desplazamientos de la rótula (la rodilla se sale de su lugar) y la enfermedad de Osgood-Schlatter, que causa inflamación en la zona donde el tendón conecta la rótula con la tibia.

Los síntomas principales son dolor, debilidad en la rodilla y sensación de que se bloquea. Es posible que el menor no pueda doblar ni estirar completamente la rodilla, y esta puede inflamarse o mostrar hematomas. Estos síntomas dependen del tipo y la gravedad de la lesión.

Para prevenir lesiones, los padres deben asegurar que el niño use equipo de protección: rodilleras, espinilleras y calzado deportivo en buen estado que sujete bien el pie. También es importante enseñar técnicas seguras de movimiento. Al saltar, el menor debe flexionar las rodillas al caer al suelo. Para cambios de dirección o giros, conviene agacharse flexionando rodillas y caderas, lo que reduce el riesgo de lesionar los ligamentos cruzados. El calentamiento antes de entrenar, el estiramiento después y el entrenamiento de fuerza regular fortalecen los músculos y mejoran la flexibilidad. Mantenerse activo durante todo el año ayuda a mantener las rodillas en forma.

El diagnóstico comienza con preguntas sobre cómo ocurrió la lesión y sus síntomas, seguidas de un examen físico donde el médico presiona y mueve la rodilla de formas específicas. Si es necesario, solicita radiografías, tomografías o resonancias magnéticas para examinar más a fondo.

El tratamiento varía según la causa. Los padres deben seguir las indicaciones del médico sobre qué actividades puede hacer el niño. Si algo causa dolor, debe detenerse e intentar más tarde. Para aliviar el dolor, el médico puede autorizar paracetamol o ibuprofeno siguiendo las dosis recomendadas en el envase. Durante los primeros uno o dos días, se recomienda aplicar hielo envuelto en una toalla durante unos 20 minutos cada una o dos horas, envolver la rodilla con una venda elástica y elevarla por encima del nivel del corazón para reducir la hinchazón. Algunos casos requieren fisioterapia o intervención quirúrgica.

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