Las redes inteligentes que se adaptan solas: así Colombia se prepara para la avalancha de datos de la IA
La demanda de inteligencia artificial está triplicando el tráfico de datos en las redes globales, obligando a una modernización urgente de la infraestructura. Fernando Capella, director regional de Ciena, explica cómo la tecnología óptica avanzada y las redes autónomas pueden resolver este reto sin dejar desempleados a los técnicos. El principal obstáculo en América Latina no es técnico sino financiero: los operadores locales luchan por invertir en modernización mientras mantienen ganancias.
El tráfico de datos que soportan tus redes crece más rápido que nunca. Los operadores reportan aumentos del 30 por ciento anual, pero la irrupción de la inteligencia artificial generativa está acelerando ese número a niveles que la industria nunca había visto. Todo se reduce a que entrenar una IA requiere procesar cantidades colosales de información, y eso solo es posible distribuyendo el trabajo entre múltiples centros de datos conectados por miles de fibras ópticas. Es un nivel de demanda que tiene a los grandes proveedores de telecomunicaciones reinventando cómo construyen sus redes.
Fernando Capella, director regional de Ciena para el Cono Sur, conoce bien el panorama. La empresa donde trabaja se dedica a crear sistemas de redes y software de automatización, y en estos meses prepara su participación en el Mobile World Congress 2026 con una apuesta clara: redes que funcionan casi solas. Capella supervisa operaciones en Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, países donde debe traducir innovaciones globales como los Digital Twins (réplicas digitales de redes físicas) a la realidad económica local.
La solución que proponen es fascinante pero requiere explicación. Ciena desarrolló la tecnología WaveLogic 6, basada en chips de tres nanómetros, capaz de transportar hasta 1,6 terabits de datos por canal. Lo importante aquí no es solo que sea más rápido: al alcanzar distancias más largas sin necesidad de regenerar la señal en puntos intermedios, se ahorra muchísima energía. Como lo resume Capella: "Toda vez que tú pasas a vencer o alcanzar distancias más largas, disminuyendo la necesidad de electrónica, tú ahorras energía". Con el consumo eléctrico de los centros de datos convertido en prioridad ambiental y económica, esto es crucial.
Pero la verdadera revolución está en que esas redes aprendan a adaptarse solas. En lugar de que un técnico tenga que monitorear y ajustar manualmente cada parámetro, el sistema analiza cambios en el flujo de datos y se reajusta automáticamente para evitar caídas. Sin embargo, Capella es cuidadoso en aclarar que esto no significa que las máquinas tomarán decisiones por su cuenta. "No es que la máquina va a tomar la decisión de hacerla sin una instrucción clara. Todo va a ser definido basado en la intención o cómo el operador quiere que su red se comporte". Los técnicos no desaparecerán: simplemente migrarán hacia tareas más estratégicas, menos repetitivas.
El desafío en nuestra región es diferente al de países desarrollados. Colombia, Brasil y otros países del Cono Sur enfrentan un freno principalmente financiero, no regulatorio. Los operadores de telecomunicaciones aquí operan con márgenes apretados y necesitan generar ingresos rápidamente mientras invierten en infraestructura costosa. Es un equilibrio complicado. Aun así, Capella ve oportunidades. "Es un momento único que estamos viviendo y es una oportunidad gigante para la industria para seguir expandiendo", señala. A medida que mercados como Brasil y Colombia se consoliden y generen más recursos, existe potencial real para que mejore la calidad de la conectividad en todo el continente.
Fuente original: Impacto TIC
