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Las elecciones ya no son como antes: así cambió la forma de hacer política en Colombia

Fuente: El Colombiano - Colombia
Las elecciones ya no son como antes: así cambió la forma de hacer política en Colombia
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Las campañas electorales colombianas han dejado de dirigirse a audiencias masivas para enfocarse en grupos específicos. Esto sucede porque las redes sociales fragmentaron el consumo de noticias, los datos y algoritmos permiten segmentar mensajes, y conviven medios tradicionales con plataformas digitales. Los candidatos ya no buscan persuadir a todos, sino consolidar comunidades emocionales. En el Congreso, esta tendencia es aún más evidente.

Cuando miramos las elecciones de ahora, no alcanza con fijarse solo en los candidatos o en lo que dicen. Hay algo más profundo ocurriendo: la forma en que circula la información política cambió por completo. Tres fuerzas explican este giro: la audiencia se fragmentó en mil pedazos, los algoritmos permiten dirigir mensajes muy específicos a grupos concretos, y la esfera pública es ahora un híbrido raro entre medios tradicionales y plataformas digitales.

Antes, cuando solo había unos pocos canales de televisión y periódicos, todos estábamos más o menos expuestos a los mismos contenidos políticos, quisiéramos o no. Hoy eso cambió radicalmente. Quien quiere enterarse de política tiene información abundante por todas partes; quien prefiere evitarla, puede hacerlo casi completamente. Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería aceleran esto: organizan la información en burbujas cerradas donde cada grupo ve cosas distintas, diseñadas específicamente para ellos. Según el Reporte de Noticias Digitales, la mayoría de las personas ahora accede a noticias principalmente por internet, aplicaciones, redes sociales o chats. El resultado es que perdimos algo que antes teníamos: una conversación pública compartida.

Investigadores como Paul F. Lazarsfeld, Bernard Berelson y Hazel Gaudet descubrieron que las personas tienden a buscar información que confirme lo que ya piensan y evitan lo que las contradice. En este contexto, una campaña electoral que hable "para todos" pierde utilidad. "Hablarle a todos" significa hablarle también a quienes jamás serán persuadidos e incluso pueden reaccionar en contra. Por eso muchas campañas ahora prefieren concentrarse en quienes ya están dispuestos a escuchar.

Las campañas también se organizan muy diferente por dentro. Ahora usan bases de datos electorales exhaustivas para crear perfiles muy detallados de cada votante: cuál es su probabilidad de votar, si apoyará al candidato o se abstendrá. Las campañas funcionan como laboratorios donde prueban mensajes, miden resultados y ajustan estrategias casi en tiempo real. En Colombia, esto se mezcla con tradiciones políticas muy locales: redes de contactos de barrio, liderazgos comunitarios, iglesias y máquinas políticas. Pero en años recientes, las herramientas digitales amplificaron toda esta segmentación.

Un ejemplo claro en la carrera presidencial es Abelardo de la Espriella, cuya presencia política se construye principalmente en redes sociales, a través de lo que podría llamarse "golpes de opinión". Su campaña es fundamentalmente digital, buscando no persuadir a un electorado amplio sino consolidar una comunidad emocional muy específica. El mensaje mezcla nacionalismo cívico, fervor religioso y crítica contra el establishment político, presentándose como un salvador frente a la crisis institucional. Se posiciona como un héroe moral para públicos conservadores que valoran la autoridad, el orden y una mano fuerte, más que discusiones sobre programas políticos.

Por el otro lado, la campaña de Iván Cepeda representa una lógica completamente distinta. Va desde la periferia hacia el centro, priorizando contacto directo y organización comunitaria. No busca espectáculo mediático sino recorridos territoriales, encuentros cara a cara con comunidades, y apoyo vinculado a movimientos sociales y organizaciones de base. Es una estrategia menos llamativa que la de redes sociales, pero más orgánica: la legitimidad se construye a través de presencia constante y articulación de demandas colectivas.

En las contiendas al Congreso este fenómeno alcanza su expresión más clara. Los candidatos hacen reuniones en salones, cafeterías y auditorios pequeños para producir imágenes de cercanía, mientras cada candidatura se presenta según su nicho ideológico en el mundo digital. Un buen ejemplo es lo que ocurre en Antioquia con el Conservatismo: hay candidatos que apelan a la defensa de la familia y la religión, acercándose a sectores católicos; otros se posicionan desde el antipetrismo y la retórica anticomunista; y un tercer grupo simplemente reproduce poder político interno sin necesidad de exponerse mucho en medios, confiando en redes de favores políticos ya consolidadas dentro del Congreso.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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