Las ciudades inteligentes no se miden por dispositivos, sino por tiempo ahorrado a los ciudadanos

En un debate durante Expo I, expertos coincidieron en que el verdadero éxito de la transformación digital en territorios colombianos no está en cuántas cámaras o antenas WiFi se instalan, sino en cómo eso mejora la vida real de la gente. El desafío principal sigue siendo cerrar brechas de desigualdad y cambiar la mentalidad de que digitalizar es lo mismo que transformar. Ciudades como Pasto y Bosa ya están experimentando con conectividad en zonas alejadas, pero aún persisten retos de acceso en poblaciones rurales y adultas mayores.
Cuando hablamos de ciudades inteligentes, muchos piensan en tecnología punta: cámaras de vigilancia, sensores conectados, WiFi en cada esquina. Pero especialistas que debatieron en el panel "Planeación y Desarrollo de Territorios Inteligentes" durante Expo I dejaron claro que esa no es la métrica que importa. Lo que realmente cuenta es si esa tecnología le ahorra tiempo a la gente, reduce sus gastos y simplifica su relación con el Estado.
Constanza Engativá, consultora en Transformación Digital, explicó que el impacto de la tecnología en la vida cotidiana es evidente en muchos territorios colombianos, pero que necesita evaluación constante. El consenso fue que el éxito debe medirse bajo tres pilares: ahorro de tiempo para los ciudadanos, reducción de costos en trámites y disminución de la frustración al usar servicios digitales. No se trata de contar dispositivos, sino de medir si la experiencia mejoró.
En Pasto, por ejemplo, la Subsecretaría de Sistemas de Información llevó conectividad a corregimientos como El Socorro y Santa Bárbara durante 2024. Según Darío Fernando Alfaro, subsecretario de esa entidad, el objetivo no era simplemente instalar cámaras o sensores, sino usar los datos para prevenir incidentes como inundaciones o hurtos. En Bosa, Camilo Plazas, coordinador de Innovación y Conectividad de la Alcaldía Local, destacó que aunque la innovación ha cerrado brechas históricas, el 25 a 30 por ciento de la población aún carece de acceso a Internet fijo. Eso demuestra que ni siquiera en capitales hay conectividad total.
Uno de los mitos más perjudiciales es pensar que la población rural no está lista para la tecnología. Carlos Alberto Sánchez, secretario TIC de la Gobernación del Tolima, fue claro: "La gente en el territorio quiere aprender, pero a menudo los programas nacionales no llegan a las veredas más alejadas". En el Tolima, iniciativas como empleaTIC (capacitación a jóvenes en IA) y proTIC (formación para adultos mayores en juntas de acción comunal) buscan atacar esta brecha.
Hay otro obstáculo que parece simple pero es profundo: la confusión entre digitalizar y transformar. Digitalizar es aplicar tecnología a un proceso que ya existe. Transformar es cambiar la forma en que la organización opera, poniendo las necesidades del ciudadano en el centro. La mayoría de entidades territoriales aún confunde estos conceptos.
El mensaje final fue contundente: la transformación digital de un territorio no puede ser tarea solo del área técnica. Debe ser transversal a toda la administración local. La tecnología solo cumple su propósito cuando deja de ser el protagonista y se convierte en la herramienta que garantiza bienestar social y equidad regional. Eso es lo que en realidad significa una ciudad inteligente.
Fuente original: Impacto TIC


