La reputación digital amenaza el acceso de empresas al sistema financiero en Colombia
Las empresas colombianas enfrentan un nuevo riesgo: que su reputación en internet afecte su acceso al sistema financiero, incluso sin investigaciones judiciales. Según Edgar Julio Erazo Córdoba, empresario minero antioqueño, los bancos cierran cuentas basándose en contenidos digitales no verificados, lo que impacta no solo a los dueños sino a trabajadores, familias y comunidades enteras. El empresario pide decisiones basadas en hechos comprobables, no en narrativas mediáticas.
En la era de la hiperconexión, las empresas colombianas están descubriendo una amenaza silenciosa: su reputación digital se está convirtiendo en un juez invisible que puede cerrarles las puertas del sistema financiero. Y lo más preocupante es que esto sucede sin necesidad de una investigación formal, sin una acusación judicial ni una sentencia condenatoria.
Edgar Julio Erazo Córdoba, empresario minero en Antioquia, ha experimentado de cerca esta realidad. Según su análisis, el problema va más allá de los desafíos normales de hacer negocios. "El problema surge cuando la reputación mediática o digital empieza a pesar más que los hechos verificables, las decisiones judiciales o la inexistencia de procesos formales", explica. Lo que antes se consideraba un riesgo empresarial convencional ahora tiene una dimensión digital que nadie controla completamente: una publicación negativa puede rondar por internet durante años, afectando la credibilidad de una compañía sin que exista forma clara de defenderse.
El impacto va más allá del empresario individual. Detrás de cada negocio hay empleados esperando su salario, proveedores dependiendo del pago, y comunidades completas cuya economía se sostiene en esas actividades. Cuando un banco decide cerrar servicios basándose en contenidos digitales no verificados, esa decisión toca a mucha gente. Erazo Córdoba subraya la paradoja: "decisiones adoptadas con el propósito de mitigar riesgos pueden, en la práctica, incentivar la informalidad y afectar la sostenibilidad fiscal y social de regiones enteras".
Ciertamente, los mecanismos de prevención del lavado de activos existen por razones válidas. Pero aquí surge la pregunta incómoda que plantea el empresario: "¿cómo se defiende alguien frente a una publicación cuando no existe investigación, imputación ni decisión judicial alguna?" En otras palabras, ¿qué herramientas reales tiene un empresario formal para combatir una narrativa digital que se reproduce sin contexto, sin actualización y sin verificación?
La Constitución y los tribunales han dejado claro que la autonomía de los bancos no es absoluta. El debido proceso, la proporcionalidad y la razonabilidad siguen siendo principios que deben respetarse incluso cuando se gestiona riesgo. Para Erazo Córdoba, esta es precisamente la brecha que debe cerrarse: "Como empresarios, no pedimos privilegios. Pedimos reglas claras, análisis completos y decisiones basadas en hechos verificables".
El desafío verdadero no es combatir el delito —para eso están los sistemas de cumplimiento como el Sagrilaft—, sino evitar que la reputación digital se convierta en una condena perpetua, silenciosa y sin juez. Un sistema financiero realmente sólido no solo previene riesgos; también protege derechos, pondera impactos y distingue entre lo que es información, lo que es opinión y cuál es la realidad jurídica. Eso, al parecer, es lo que falta.
Fuente original: La República - Emprendimiento