La Luna no es solo ciencia: qué minerales buscan realmente Estados Unidos, China y el mundo en el espacio

Detrás de la misión Artemis II de la Nasa hay una carrera global por recursos lunares y asteroides: oro, platino, tierras raras y Helio-3, elementos clave para tecnología y energía limpia. El mercado de minería espacial podría valer 2,7 billones de dólares en 2040. Aunque un tratado de 1967 prohíbe la propiedad territorial en la Luna, el debate sobre quién puede extraer recursos sigue abierto y sin resolver.
La misión Artemis II que despegó hace poco marca el regreso de Estados Unidos a vuelos tripulados alrededor de la Luna después de más de 50 años. Pero si crees que esto es solo ciencia por curiosidad, te equivocas. La Nasa y el gobierno estadounidense invirtieron alrededor de 4.000 millones de dólares en esto, y el trasfondo real es mucho más mundano: una carrera despiadada por los recursos minerales del espacio.
Lo que comenzó en los años 50 como una competencia ideológica entre Estados Unidos y Rusia durante la Guerra Fría se transformó en algo muy diferente. Ahora es una batalla geopolítica y económica donde China juega fuerte, y más de 70 países ya firmaron acuerdos para explorar la Luna. Según Alexandre Cherman, director de Astronomía del Planetario de Río, la razón es clara: "la respuesta al renovado interés por la Luna está en la viabilidad económica. Hoy sabemos que la Luna tiene minerales, tiene elementos químicos muy importantes para la economía de la Tierra". Lo que buscamos en nuestro satélite es oro, platino, tierras raras y un isótopo llamado Helio-3. Este último es el gran premio: se considera el combustible de la fusión nuclear, la apuesta energética del futuro porque es limpia y sin emisiones de carbono. "La energía nuclear del futuro es la fusión nuclear, que son elementos ligeros que no dejan el rastro radiactivo. Y el Helio-3, que es este isótopo que hay mucho en la Luna, es muy importante para este proceso", explica Cherman.
Las tierras raras merecen atención especial. Son los elementos que hacen funcionar el 99% de los aparatos electrónicos que usamos: desde tu celular hasta las computadoras. El problema es que en la Tierra su producción está concentrada principalmente en China, lo que genera tensiones globales. Si alguien logra extraerlas primero de la Luna, tendría una ventaja monumental en tecnología, defensa y energía.
Pero la Luna no es el único objetivo. La carrera por recursos espaciales empezó hace décadas con asteroides cercanos. Científicos han identificado más de 12.000 asteroides ricos en minerales, muchos con concentraciones de metales preciosos superiores a las que encontramos en la Tierra. Uno de los casos más fascinantes es Psyche 16, ubicado entre Marte y Júpiter, que según estimaciones valdría 700 quintillones de dólares, más que toda la economía global. Contendría hierro, níquel y oro en cantidades tan enormes que, teóricamente, cada persona en el planeta podría ser multimillonaria.
Esto ya no es solo cosa de gobiernos. Empresas privadas como Planetary Resources y Deep Space Industries llevan años desarrollando naves para explorar y extraer recursos de asteroides. Países como Luxemburgo invirtieron cientos de millones de euros para atraer empresas del sector. El mercado se ve prometedor: la minería espacial podría alcanzar 3.800 millones de dólares en 2025 y escalar hasta 2,7 billones en 2040.
Aquí viene lo curioso: extraer en el espacio podría ser más fácil que en la Tierra. En asteroides los minerales están más cerca de la superficie y la baja gravedad facilita todo. Además, algunos contienen agua que podría convertirse en combustible para futuras misiones. La Luna tiene la ventaja de estar cerca y tener gravedad estable, lo que permite instalar bases permanentes. La idea es que funcione como plataforma para Marte y como centro de extracción. "No tengo dudas de que la primera persona que irá a Marte ya nació", afirma Cherman.
Ahora bien, existe un marco legal internacional que frena todo esto. El Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece que nadie, ni país ni empresa ni persona, puede ser dueño de la Luna o Marte. No existe propiedad privada sobre estos espacios. Aunque hay empresas como Lunar Embassy que venden "parcelas" lunares, estas transacciones no tienen respaldo jurídico internacional. Lo que sí está en debate abierto es el uso de recursos: quién puede extraerlos y bajo qué reglas. Por ahora la ley prohíbe reclamar territorio, pero el futuro de la minería espacial sigue siendo territorio sin conquistar legalmente.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología


