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La industria farmacéutica pide al Estado una política clara para reducir dependencia de importaciones costosas

Fuente: El Tiempo - Salud
La industria farmacéutica pide al Estado una política clara para reducir dependencia de importaciones costosas
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Colombia produce el 70% de los medicamentos que consume, pero el 80% del gasto en salud se concentra en importaciones de alta tecnología. El presidente de la Asociación de Industrias Farmacéuticas advierte que el país ha perdido la mitad de sus plantas de producción en dos décadas y necesita una política de Estado que trascienda gobiernos. Sin dirección clara, dice, el sistema opera por inercia y aumenta la vulnerabilidad sanitaria del país.

Colombia gasta más dinero en medicamentos importados de lo que invierte en producción local, una desproporción que revela una dependencia cada vez mayor del exterior en materia farmacéutica. El mercado de medicamentos en el país supera los 30 billones de pesos anuales y representa entre el 25% y el 30% del gasto total en salud, pero la paradoja es preocupante: mientras que la industria nacional produce el 70% de las unidades que se consume, apenas participa en el 20% del gasto porque los medicamentos importados de alto costo concentran cerca del 80% de los recursos.

"En la discusión sobre el sistema de salud colombiano hay un vacío que no puede seguir tratándose como un asunto técnico: la ausencia de una política farmacéutica de Estado", afirma Carlos Francisco Fernández, presidente ejecutivo de la Asociación de Industrias Farmacéuticas en Colombia. El ejecutivo explica que "el país produce lo esencial y paga por lo que no controla", haciendo referencia a cómo Colombia depende de medicamentos importados, especialmente aquellos de alta tecnología como los oncológicos, sin tener poder de negociación en precios ni garantías de disponibilidad.

La situación se agrava cuando se observa el deterioro de la capacidad productiva nacional. El país tenía cerca de 200 plantas de manufactura farmacéutica certificadas a comienzos de los años 2000, pero hoy apenas cuenta con aproximadamente 100. Esta reducción no es solo un indicador industrial: representa pérdida de empleo, capital productivo, conocimiento técnico acumulado y capacidad fiscal para el Estado. Para Fernández, esto también significa mayor vulnerabilidad en el acceso de la población a los tratamientos.

El ejecutivo enfatiza que crear una política farmacéutica de Estado no significa estatizar la industria, sino aprovechar la infraestructura existente. "Colombia tiene industria, regulación y talento. Lo que falta es una política que trascienda gobiernos y que alinee esas capacidades y las convierta en acceso real y sostenible para la gente", señala. Fernández define la autonomía sanitaria como la capacidad de responder con rigor a las necesidades farmacéuticas de la población en condiciones normales y en situaciones de crisis.

Según el presidente de Asinfar, parte del problema es que la industria nacional compite con medicamentos básicos importados desde países como los de Asia, que cuentan con apoyo estatal en sus naciones de origen. Esta distorsión del mercado debilita la producción local y, aunque en el corto plazo los medicamentos importados parecen más baratos, a largo plazo aumentan la dependencia y reducen la capacidad de respuesta del sistema de salud. Fernández también señala asimetrías regulatorias: a veces es más rápido registrar un producto importado que uno nacional, lo que desprotege a los fabricantes colombianos.

Para reindustrializar el sector, Fernández sostiene que se necesita decisión política. "Una política real que favorezca la reindustrialización, la investigación, la producción de principios activos y con estímulos para reducir la dependencia" es lo que falta en la agenda pública. Aunque ha habido anuncios del Gobierno, advierte que lo estructural sigue en el papel y sin ejecución no hay cambios reales.

El ejecutivo concluye que ver la industria farmacéutica como algo secundario es "la peor decisión sanitaria posible". Debilitarla destruye empleo y capacidades productivas, pero sobre todo aumenta la vulnerabilidad frente a eventos inesperados que, como demostró la pandemia de covid-19, pueden tener efectos devastadores en la salud pública del país.

Fuente original: El Tiempo - Salud

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