La guerra vacía a un pueblo ruso: casi todos sus hombres murieron en Ucrania

Sedanka, una aldea remota en el extremo oriental de Rusia, ha visto partir a prácticamente todos sus hombres en edad de combate hacia la guerra en Ucrania. De los 39 que se fueron, 12 han muerto y otros 7 desaparecieron. El pueblo, que ya enfrentaba pobreza extrema y aislamiento geográfico, ahora se enfrenta a una crisis demográfica sin precedentes que amenaza su supervivencia.
En el pueblo pesquero de Sedanka, vivir siempre ha sido un desafío. Ubicado en el extremo noroeste de Kamchatka, a más de 7.000 kilómetros de las líneas de batalla ucranianas, esta aldea de apenas 258 habitantes carece de lo más básico: agua corriente, inodoros interiores, calefacción central. En invierno, las temperaturas caen por debajo de los diez grados bajo cero. Desde octubre hasta mayo, el pueblo solo es accesible en barco o en vehículos especiales. El resto del año, llegan en motonieve o helicóptero. El empleo escasea y la mayoría de los pobladores subsisten de la pesca y la agricultura de subsistencia. Para completar el cuadro de aislamiento, los basureros del lugar atraen osos pardos de Kamchatka, entre los más grandes del mundo.
Pero ahora Sedanka enfrenta una crisis que hace que los osos parezcan un problema menor. Casi todos los hombres entre 18 y 55 años han desaparecido del pueblo. Se fueron a la guerra en Ucrania. De una población total de 258 personas, 39 hombres firmaron contratos para combatir. Hasta ahora, 12 han muerto y otros 7 están desaparecidos. "Es desgarrador: han matado a tantos de los nuestros", comenta Natalia, una habitante local cuya identidad fue protegida. "El marido de mi hermana y mis primos están en el frente. En casi todas las familias, alguien está peleando", añade. Hace poco, un grupo de mujeres le dijo al gobernador regional durante una visita en marzo de 2024: "Todos nuestros hombres se marcharon a la operación militar especial. No hay nadie que corte leña para el invierno y caliente nuestras estufas".
Las pérdidas de Sedanka no son un caso aislado. Un análisis de BBC, junto con el medio ruso Medizona, muestra que los pueblos pequeños y las comunidades indígenas de Rusia cargan desproporcionadamente con las bajas de la guerra. El 67 por ciento de los soldados rusos muertos proceden de zonas rurales y pueblos pequeños, aunque apenas el 48 por ciento de la población rusa vive en esos lugares. En regiones pobres como Buriatia y Tuva, en Siberia, la tasa de mortalidad es entre 27 y 33 veces mayor que en Moscú. Los demógrafos rusos lo explican por una razón simple: pobreza extrema y falta de perspectivas. Para muchos, el único salida parecía ser firmar un contrato militar y recibir dinero.
Los grupos indígenas de zonas remotas como Sedanka han sido especialmente vulnerables. En Kamchatka viven principalmente koryaks e itelmens, pueblos originarios que bajo las normas de guerra deberían estar exentos de movilización. Sin embargo, la activista contra la guerra Maria Vyushkova señala que la televisión estatal rusa amplifica estereotipos sobre estas comunidades, describiéndolas como "guerreros natos" y tiradores hábiles. "Muchas comunidades indígenas se enorgullecen de esa herencia. El Kremlin utiliza este orgullo para reclutar para la guerra", afirma Vyushkova. Vladimir Akeev, un cazador y pescador de 45 años de Sedanka, fue uno de ellos. Se alistó en el verano de 2024 y murió cuatro meses después. Su ataúd fue transportado en trineos de madera hasta el cementerio, donde solo se podía llegar en motonieve.
Lo irónico es que en otoño de 2024, Sedanka inauguró un monumento a los "participantes de la operación militar especial". El gobierno regional prometió otorgarle el título honorífico de "aldea del valor militar" y un programa de apoyo para las familias de los soldados. Pero el título nunca llegó y la ayuda ha sido escasa. Solo se repararon los techos de cuatro casas después de que los medios las visibilizaran. Mientras tanto, una de cada cinco casas, construidas en la época soviética, ha sido catalogada como insegura por las autoridades. La única escuela del pueblo está en estado de emergencia, con paredes que amenazan derrumbarse. El vacío dejado por los hombres en edad laboral que se fueron a la guerra ha agravado cada aspecto de la vida en Sedanka, transformando una aldea ya vulnerable en un lugar prácticamente sin futuro.
Fuente original: BBC Mundo - Economía