La guerra dispara el petróleo y frena las esperanzas de que la FED baje las tasas de interés
El conflicto en Oriente Medio está presionando los precios del petróleo por encima de los 100 dólares el barril, lo que aumenta la inflación y aleja la posibilidad de que la Reserva Federal reduzca las tasas de interés en las próximas semanas. El oro, que había ganado terreno este año, cae como resultado de estas tensiones. La incertidumbre sobre cuánto tiempo durará el conflicto complica las proyecciones económicas para inversores y analistas.
El precio del oro acaba de perforar el piso de los 5.000 dólares la onza, una caída que no es casualidad. Mientras el conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán entra en su tercera semana, lo que sucede en los mercados de energía está reescribiendo el calendario de decisiones que tomará la Reserva Federal sobre los intereses que pagan los ahorros y los créditos de los colombianos.
El problema está en el petróleo. Con los ataques a infraestructura energética en el Golfo Pérsico, el crudo se dispara a más de 100 dólares el barril. Cuando el petróleo sube, la gasolina sube, y cuando la gasolina sube, todo lo demás sube también: los fletes, la comida, los servicios. Eso se llama inflación. Y la inflación es el enemigo número uno de la Reserva Federal, la entidad que controla los tipos de interés en Estados Unidos. Si los precios suben por culpa de la guerra, el banco central estadounidense no va a querer bajar las tasas. De hecho, los analistas ya casi descartaron un recorte de tasas en la reunión que tiene programada esta semana.
¿Qué significa esto en la práctica? Que los créditos seguirán siendo caros. Los ahorros en dólares seguirán dejando mejores rendimientos. Y la presión sobre nuestras economías en América Latina se mantendrá. El oro, que históricamente actúa como refugio seguro en momentos de turbulencia, está cayendo precisamente porque los inversores apuestan a que las tasas se quedarán altas, lo que hace menos atractivo un metal que no genera intereses.
Lo complicado ahora es la incertidumbre pura. Un asesor de Donald Trump estimó que el conflicto podría durar entre cuatro y seis semanas, pero ambas partes envían mensajes contradictorios sobre la posibilidad de un acuerdo. Mientras tanto, el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial, está prácticamente paralizado. Cada día que pasa sin claridad es un día en que los mercados funcionan con miedo.
Los últimos datos de gasto del consumidor estadounidense que llegaron el viernes no ayudaron. El crecimiento fue menor al esperado, y la confianza de los compradores bajó a su punto más bajo en tres meses. Cuando los consumidores se asustan y gastan menos, la economía desacelera. Cuando desacelera y al mismo tiempo suben los precios, entra en juego la estanflación: lo peor de los dos mundos. En ese escenario, el oro podría volver a verse atractivo como forma de protegerse a largo plazo, aunque por ahora siga cayendo.
Fuente original: La República - Finanzas