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La guerra contra el celular: las apps que prometen devolver horas perdidas en redes sociales

Fuente: El Tiempo - Tecnosfera
La guerra contra el celular: las apps que prometen devolver horas perdidas en redes sociales
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Aplicaciones como Jomo, Focus Flight y Opal están ganando popularidad entre usuarios que luchan contra la adicción a las redes sociales y los algoritmos diseñados para captar su atención. Estas herramientas bloquean el acceso a apps en horarios específicos o limitan el tiempo de uso, prometiendo recuperar hasta una hora y media del día. Colombia ocupa el segundo lugar en América Latina en tiempo de pantalla con 7 horas diarias, solo superado por Brasil con 9 horas.

Su teléfono inteligente se ha convertido en una jaula digital. Abre Instagram sin ni siquiera proponérselo y una hora después sigue deslizando la pantalla sin recordar cómo llegó ahí. Este es el dilema que enfrenta Hélène, una estudiante francesa de 23 años de Derecho, quien decidió actuar. "A veces, sin que ni siquiera me diera cuenta de lo que estaba haciendo, abría Instagram. Era una trampa sin fin, porque una vez abierto podía durar una hora haciendo scroll. Entonces, para el bien de mis estudios, tuve que ponerle un alto a esto", explicó.

Hélène no está sola en esta batalla. Cada vez más personas recurren a aplicaciones especializadas en desengancharse del teléfono. Estas herramientas funcionan bloqueando el acceso a redes sociales y juegos en horarios específicos, limitando el tiempo diario o incluso pidiendo al usuario que justifique por qué quiere abrir una app antes de permitirle hacerlo. Lo interesante es que no son invenciones nuevas, pero en los últimos meses han explotado en popularidad. "Se está produciendo como una especie de toma de conciencia colectiva", asegura Laureline Couturier, cofundadora de Jomo, una aplicación lanzada en 2022 que promete reducir el tiempo en pantalla hasta un 50 por ciento en la primera semana.

Las opciones en el mercado se multiplican. Focus Flight, por ejemplo, utiliza una estrategia curiosa: simula un vuelo de avión mientras bloquea las apps, mostrando en la pantalla la ruta del viaje o la vista desde la ventanilla con sonidos de cabina de avión. Así, mientras está "volando", no puede distraerse con Instagram o TikTok. Opal, con 10 millones de usuarios, va más directo: su fundador Kenneth Schlenker critica que "el objetivo principal de Google y Apple es explotar las vulnerabilidades psicológicas de los usuarios". Por eso Opal intenta "beneficiarse de todo lo que aporta la tecnología sin sufrir las consecuencias negativas", recuperando según promete 1 hora y 23 minutos diarios.

La cifra no es menor si consideramos que Colombia está en el ojo del huracán digital. Según datos de la agencia We are Social, los colombianos pasan 7 horas diarias frente al celular, lo que nos coloca como el segundo país de América Latina con mayor tiempo de pantalla, solo por debajo de Brasil con 9 horas. Mientras el resto del mundo debate sobre salud mental y productividad, aquí se pierde una jornada laboral completa cada día en pantallas.

Pero estas apps no son las únicas soldados en esta guerra. Existen herramientas de pago más creativas como Bloom, una tarjeta de acero inoxidable con tecnología NFC que cuesta 39 dólares y se empareja con el teléfono para activar bloqueos cuando se acerca. Su lógica es simple: una barrera física es más difícil de saltarse que un límite digital. Brick funciona al revés: cuesta 59 dólares y hay que acercarlo al celular para desbloquear las apps. La idea genial aquí es que si coloca el Brick lejos de donde trabaja, la pereza de levantarse a buscarlo puede frenar el impulso de abrir una red social.

Lo cierto es que incluso quienes usan estas aplicaciones no buscan eliminar completamente sus dispositivos del planeta. Austin, un técnico ortopédico de 33 años en París, las usa para establecer una relación "más definida y controlada" con su teléfono. La meta no es la abstinencia sino el control. Hélène, por su parte, combinó su app de desconexión con decisiones más radicales: eliminó Instagram del celular para acceder solo desde la computadora, incrementando así la barrera de acceso. Además, colocó su teléfono a un metro de distancia durante al menos 20 horas al día, incluyendo las noches, para mejorar su descanso.

Estudios muestran que estas aplicaciones logran generar hábitos tan arraigados que eventualmente el usuario ya no necesita herramientas externas para mantener el control. La conciencia que crean, la barrera que imponen y la repetición constante se internalizan. En un mundo donde el celular seguirá siendo indispensable en las próximas décadas, según reconoce incluso Couturier, quizás la verdadera victoria no sea dejar de usar la tecnología sino aprender a usarla sin que ella nos use a nosotros.

Fuente original: El Tiempo - Tecnosfera

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