La ganadería intensiva alimenta al mundo pero duplica emisiones de carbono en Colombia

La producción industrial de carne es clave para abastecer proteína global, pero genera cerca del 15% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. En Colombia, la intensidad de emisiones en la producción de carne de res es más del doble de la media mundial. El modelo intensivo maximiza producción y reduce costos, pero su huella ambiental incluye desde la digestión del ganado hasta el transporte y procesamiento.
La ganadería intensiva se ha convertido en un motor fundamental para alimentar al planeta, pero con un costo ambiental que preocupa cada vez más. Miles de millones de animales son criados bajo esquemas industriales en todo el mundo: 25.000 millones de pollos, más de 1.500 millones de cabezas de ganado vacuno, cerca de 1.000 millones de cerdos, además de cientos de millones de ovejas, cabras y pavos. Este volumen masivo de producción ha permitido que la proteína animal sea accesible para miles de millones de personas, especialmente en países desarrollados, pero con consecuencias climáticas significativas.
El modelo de ganadería intensiva se basa en la maximización de la producción mediante el uso concentrado de capital, tecnología y alimentos procesados. Las instalaciones especializadas, el control riguroso de la alimentación y los ambientes artificiales permiten acelerar los ciclos productivos y llegar a mercados con precios más competitivos. Esta eficiencia en la cadena de suministro, sin embargo, tiene un precio medible en términos de emisiones de gases de efecto invernadero.
Según datos de la FAO, la ganadería intensiva y sus cadenas asociadas representan alrededor del 14,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Gran parte de este impacto proviene de la producción bovina, mientras que procesos biológicos como la digestión del ganado generan cantidades importantes de metano, un gas particularmente potente para el calentamiento global.
Colombia enfrenta un desafío particular en este terreno. Según la FAO, la intensidad de emisiones de la carne de res producida en el país es de 72,6 kilogramos de CO2 equivalente por cada kilo de proteína, cifra que contrasta fuertemente con la media mundial de 30,4 kilogramos. Esto significa que la ganadería colombiana emite más del doble de gases por unidad de proteína en comparación con el promedio global, lo que refleja diferencias en tecnología, sistemas de alimentación y prácticas productivas.
La huella ambiental de la ganadería va más allá de las emisiones directas de metano. Toda la cadena productiva consume recursos considerables: desde el cultivo de alimentos para el ganado hasta el transporte, procesamiento y distribución final. Maquinaria agrícola, fertilizantes, agua, energía y gestión de residuos suman un impacto acumulado que refuerza la presión sobre el medio ambiente. Este conjunto de factores plantea a la industria el reto de buscar formas de mantener la producción de proteína animal mientras reduce su huella de carbono.
Fuente original: Agronegocios - Finca
