La flota aérea militar colombiana colapsa: solo 4 de cada 10 aviones vuelan y los pilotos doblan su riesgo

Colombia tiene 730 aeronaves militares pero menos de 300 operan actualmente. Esta caída de operatividad del 90% en 2021 al 40% actual significa que los mismos vuelos recaen sobre una flota mucho más pequeña, casi duplicando el riesgo para los pilotos. El problema es financiero: el mantenimiento necesita $2 billones anuales pero solo recibe $400.000 millones, una brecha que se acumula año tras año sin solución visible.
El país enfrenta una crisis silenciosa en la aviación militar que el accidente de Putumayo del fin de semana sacó a la luz pública. Mientras Colombia posee cerca de 730 aeronaves militares entre todas sus fuerzas, la realidad operativa es desoladora: menos de 300 están volando. El resto permanece en tierra, deteriorándose sin el mantenimiento que requiere.
Gustavo Niño, exviceministro de Defensa, entregó datos que explican por qué esta cifra es tan preocupante. No se trata solo de que falten aviones disponibles, sino de lo que significa para quienes sí despegan. Cuando la operatividad cae del 90% al 40%, las mismas misiones de seguridad y defensa recaen sobre una flota mucho más reducida. Eso genera un desgaste brutal: mayor estrés en cada aeronave, menos tiempo para entrenar pilotos adecuadamente y, lo más grave, una exposición al riesgo que casi se ha duplicado frente a los estándares históricos.
Para entender el impacto: históricamente Colombia registraba entre dos y cinco siniestros de aeronaves militares por año, una cifra que se mantuvo estable durante dos décadas. Pero ahora esos mismos accidentes ocurren con apenas el 40% de la flota operando. Es decir, la probabilidad matemática de un accidente se dispara cuando menos máquinas hacen más trabajo.
El origen del problema es presupuestario y estructural. La Fuerza Aérea recibe $3 billones anuales, pero destina solo $400.000 millones al mantenimiento de aeronaves, incluyendo la cooperación técnica estadounidense. La realidad es que necesita $2 billones anuales. Esa brecha de más de $1,6 billones no es un ajuste marginal: se acumula año tras año sin que exista un plan creíble para cerrarla.
El problema es más profundo aún. El presupuesto total de defensa, que en 2026 ronda los $65 billones, destina cerca del 80% a sueldos y pensiones de los 400.000 integrantes de las fuerzas armadas. Esto deja un margen muy estrecho para invertir en capacidades operativas. Cada aumento del salario mínimo presiona esa masa salarial sin que el presupuesto total se ajuste, dejando a la inversión estratégica como el mantenimiento aéreo en desventaja perpetua.
A esto se suman golpes externos que complican más la situación. Un recorte del 50% redujo el soporte para mantenimiento y combustible en operaciones antidrogas. Y la ruptura de relaciones con Israel eliminó un proveedor clave de radares, sensores y asistencia técnica que el país aún no ha reemplazado.
Lo más preocupante es que esto no sorprende a nadie en las altas esferas. Niño afirma haber presentado un análisis detallado que incluía un plan valorado en $9 billones para renovar la flota. Ese documento fue desechado y nunca se construyó una alternativa. Como lo señaló el exviceministro: "cuando se conoce el problema y no se corrige, ya no es error sino negligencia". El próximo gobierno heredará una aviación militar más débil, con menos cooperación internacional y una deuda de inversión que tomará años corregir.
Fuente original: Portafolio - Economía