La crisis fiscal que el gobierno deja, pero que pocos entienden de verdad

Colombia enfrenta una crisis macroeconómica profunda: déficit fiscal de 6,4%, deuda bruta en 64,7% del PIB y caída de inversión extranjera. Sin embargo, lo que realmente importa para los ciudadanos es cómo esto afecta su día a día: empleos, pensiones, oportunidades para sus hijos. Los analistas advierten que el próximo gobierno enfrentará un ajuste fiscal de entre 3 y 4,5 puntos del PIB solo para cumplir la regla fiscal en 2028.
Las grandes cifras macroeconómicas casi nunca interesan a la gente común. Lo que de verdad les quita el sueño es si van a poder pagar la renta, si consiguen trabajo o si sus hijos tendrán oportunidades. Ese es el verdadero metro cuadrado de los colombianos, el que realmente importa cuando llega la hora de votar.
Ahora bien, los números que deja este gobierno son, sin eufemismos, muy malos. El déficit fiscal del año pasado fue de 6,4% del PIB. Para ponerlo en perspectiva: el gobierno recaudó 302,7 billones de pesos pero gastó 420,5 billones, dejando un hueco de 117,8 billones. Los ingresos tributarios crecieron respecto a 2024, pero fueron 46,1 billones menos de lo que se había presupuestado. En otras palabras, el país no solo gasta más de lo que gana, sino que además presupuesta mal.
Ese desbalance se cubre con deuda, y aquí viene lo más preocupante. La deuda bruta alcanzó 64,7% del PIB en 2025, un nivel mucho más alto que en 2020 cuando estábamos en pandemia (60,7%) o en 2021 cuando apenas salíamos de ella (60%). En esos años la justificación existía. Hoy no. El gobierno simplemente gasta más de lo que puede. El déficit primario, que mide el gasto sin contar los intereses de la deuda, subió a 3,5% del PIB, el más alto en veinte años si se deja fuera la época de coronavirus.
Lo grave es que los inversionistas que compran deuda pública colombiana, los llamados TES, están cada vez más escasos. Para que alguien invierta, el gobierno debe ofrecer retornos más altos: hemos llegado al 14%, máximos históricos. Pero incluso con esas tasas jugosas, el interés del mercado es bajísimo. En una operación que causó mucha polémica, el Ministerio de Hacienda vendió TES por 6.000 millones de dólares a un inversor extranjero cuyo nombre no fue revelado, algo que casi nunca sucede en estos casos.
A esto se suma que la inversión extranjera directa cayó 16,2% en 2025 respecto a 2024, cerrando en 11.469 millones de dólares. Colombia lleva tres años consecutivos con caídas y ya la inversión es menor a la de hace unos años después de la pandemia. La calificadora S&P Global bajó la calificación soberana del país a BB-, la más baja desde que empezó a evaluar a Colombia en 1993. Eso asusta aún más a potenciales inversores.
Para 2026, vencen 63 billones de pesos en deuda interna que hay que refinanciar. El gobierno tendrá que emitir nueva deuda para pagar deuda que vence, pero a tasas mucho más altas, con mercados menos interesados y señales de alarma disparadas. Los analistas proyectan que en 2026 el déficit fiscal subirá a 6,8% del PIB. Para volver a cumplir la regla fiscal en 2028, se necesitará un ajuste entre 3 y 4,5 puntos del PIB, según estimaciones optimistas y del Comité Autónomo de la Regla Fiscal.
La herencia que recibirá el próximo gobierno es complicada. Se requiere austeridad, reducir el tamaño del Estado, mejorar la seguridad jurídica para atraer inversión y luchar sin tregua contra la corrupción. Pero ninguno de estos temas emociona a los votantes en una campaña. Lo que realmente mueve el voto es mostrar esperanza concreta: soluciones para las madres cabeza de hogar, pensiones dignas para los adultos mayores sin protección, oportunidades reales para jóvenes que ni estudian ni trabajan, apoyo para informales, desempleados, pequeños empresarios y campesinos. La clase media y los más pobres necesitan ver que hay alguien que entiende sus problemas y tiene caminos para resolverlos.
Fuente original: Guajira News


