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La colombiana que reúne 480.000 personas para hablar lento en un mundo obsesionado con lo rápido

Fuente: El Tiempo - Vida
La colombiana que reúne 480.000 personas para hablar lento en un mundo obsesionado con lo rápido
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María Paula Colmenares, de 23 años, estudia moda en Italia y ha creado una comunidad de casi medio millón de suscriptores en Substack donde escribe sobre atención, tecnología y cultura digital. Su apuesta por contenidos largos y reflexivos contrasta con el ritmo frenético de las redes sociales. Como persona neurodivergente diagnosticada con autismo nivel uno y TDAH, Colmenares convirtió su experiencia personal en una voz única que resuena especialmente entre jóvenes cansados del ruido digital.

A los 23 años, María Paula Colmenares decidió nadar contra la corriente. Mientras la mayoría de su generación se debate entre reels de quince segundos y historias efímeras, ella apostó por lo contrario: por escribir más largo, por leer con calma, por pensar despacio y por construir comunidad alrededor de ideas que simplemente no caben en un video corto. La apuesta funcionó. En apenas un año de publicar en Substack, una plataforma que la mayoría de colombianos desconoce, reunió a casi medio millón de personas interesadas en explorar juntas por qué nos cuesta tanto sostener la atención en un mundo diseñado precisamente para robárnosla.

Desde Florencia, Italia, donde lleva cuatro años estudiando negocios de la moda, Colmenares escribe sobre la fatiga frente a la distracción permanente, la adicción al celular y ese cansancio generalizado de vivir en las redes como una vitrina constante. Pero el corazón de su trabajo va más allá. "Yo escribo precisamente sobre eso: sobre nuestro problema con la atención, sobre la adicción al celular, sobre el hecho de que hoy nos cuesta muchísimo sostener una idea, un pensamiento, una lectura, una conversación sin sentir la necesidad de huir", explica. Lo interesante es que su análisis no culpa a la tecnología en sí. "El problema fue entender que esa adicción es el síntoma de algo mucho más grande. El problema es lo que está pasando en el mundo, lo que nos está pasando por dentro, la forma en que usamos estos sistemas para escapar. Para no estar con nosotros mismos".

Su trabajo en Substack funciona de manera distinta a lo que uno espera de una influencer. Colmenares practica lo que ella llama curación de medios: comparte listas de artículos, ensayos, pódcast y videos que la interesan, pero siempre con la intención de invitar a otros a explorar su propia curiosidad. "Nunca es acerca de 'miren lo que yo leo' o 'miren qué sofisticado mi gusto', sino de preguntarle a la otra persona: ¿cómo navegas los espacios digitales para crear algo que tenga significado en tu vida?", aclara. Ese tono accesible y genuino explica parte de su crecimiento. "Cuando empecé a compartir eso, la gente se sintió muy identificada. Empezó a ver las cosas de una manera distinta".

Detrás de este éxito hay también una historia personal profunda. Colmenares fue diagnosticada hace poco más de un año con autismo nivel uno y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), aunque vivió años sin saberlo. Durante la adolescencia creía que no era inteligente, que algo andaba mal en ella. Creció sintiéndose fuera de lugar, sin entender por qué no encajaba en sistemas diseñados para otros cerebros. "En el colegio fue muy complicado. Yo de verdad pensaba que no era inteligente, que algo estaba mal conmigo", recuerda. El cambio llegó cuando se acercó a los libros, la filosofía y la literatura. Descubrió que lo que creía era su mayor debilidad podía convertirse en su herramienta más fuerte.

El diagnóstico tardío es común en mujeres porque, como explica Colmenares, muchas logran "aparentar normalidad". Hablan bien, funcionan en ciertos contextos, parecen tener todo bajo control, pero nadie pregunta qué cuesta mantener esa fachada. "Hay un montón de estereotipos que no corresponden a la realidad, especialmente cuando se trata de mujeres. Por eso a mí no me detectaron durante tantos años". Además de la neurodivergencia, vive con algunas enfermedades crónicas que complican la navegación en un mundo poco adaptado. Pero en lugar de ocultarlo, lo compartió públicamente.

Esa vulnerabilidad es quizás lo que la acerca tanto a su audiencia. Colmenares no vende una vida perfecta ni una solución mágica. Ofrece conversación honesta sobre cómo vivir en un mundo digital cada vez más absorbente sin perder el sentido de lo que realmente importa. Mirando hacia adelante, ve su trabajo en Substack como base para algo más grande: transformar la manera en que entendemos la relación entre lo físico y lo digital, especialmente en contextos como Colombia y América Latina. "Podemos crear sistemas para la educación, para la autoeducación, para que cada persona tenga herramientas reales para explorar lo que de verdad le interesa", plantea.

A los jóvenes que se sienten perdidos, que no encajan o creen que hay algo malo en ellos porque piensan distinto, Colmenares les deja un mensaje. "Le diría que no está solo. Que de verdad no está solo. Que no hay nada malo en esa persona. Que eso que el mundo le dice que está mal, eso que el entorno a veces no entiende o no sabe nombrar, también es parte de lo que lo hace ser quien es". Y agrega: "esa diferencia, esa manera distinta de ver, de pensar, de sentir, puede convertirse en una perspectiva profundamente valiosa".

Fuente original: El Tiempo - Vida

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