Juliana Matiz: la emprendedora que abre las puertas de Wall Street a las mujeres latinoamericanas

Juliana Matiz dirige Investopi, una de las mayores escuelas de inversión bursátil de Latinoamérica, y ha capacitado a 300.000 personas en nueve países. En su plataforma, la participación femenina creció de 1% a 25% en una década. Su misión es demostrar que invertir no es asunto de expertos, sino una habilidad financiera esencial que genera independencia económica.
El mercado bursátil sigue siendo un club cerrado para las mujeres. Un estudio de la consultora Man Bites Dog y el Banco de Nueva York revela que el 72% de las mujeres globalmente permanece fuera del sector de la inversión. En América Latina el panorama es aún más desalentador: solo el 8% de las inversiones en fondos vienen de mujeres, y apenas el 4,5% de los socios participantes son mujeres, según datos de Ataya Capital.
Frente a este vacío enorme actúa Juliana Matiz, una colombiana que decidió que los mercados financieros no debían seguir siendo territorio exclusivo de hombres y números incomprensibles. Como directora de Investopi, ha enseñado a invertir en bolsa a cerca de 300.000 personas en países tan diversos como Colombia, México, Estados Unidos, Perú, Argentina, Chile, España, Alemania y Japón. El cambio más visible está en sus aulas: hace diez años, las mujeres apenas representaban el 1% de sus estudiantes. Hoy son el 25% de inversionistas activas, y otro 25% participa junto a sus parejas en decisiones patrimoniales.
Su fórmula ha sido sencilla pero efectiva: traducir el jerga técnica de los mercados a un lenguaje que cualquiera entienda, y atacar la barrera psicológica más poderosa que frena a las mujeres. "Durante muchos años las mujeres administraron el dinero del hogar, pero no participaron en la construcción del patrimonio. El mayor reto ha sido la confianza financiera, porque muchas creen que invertir es complejo o que necesitan ser expertas antes de empezar. Sin embargo, entender el dinero es una forma de independencia, ya que cuando una persona aprende a invertir, cambia su relación con el futuro, y cuando una familia lo hace en conjunto, cambia su estabilidad generacional", explica Matiz.
Lo interesante es que esta transformación individual genera ondas expansivas en las familias. Cuando una mujer aprende a invertir, suele arrastrar con ella decisiones patrimoniales conjuntas: ahorro, planificación a largo plazo, estrategias compartidas. El impacto económico potencial es titánico. Si la brecha de género en inversión se redujera, podrían movilizarse hasta 1,86 billones de dólares hacia activos con impacto positivo, y generarse más de 3 billones en nuevas inversiones para financiar crecimiento e innovación en el mundo.
Las mujeres controlan ya el 75% de las decisiones de gasto globales y administran billones de dólares en consumo. Si esa capacidad de decisión se trasladara masivamente a los mercados de capitales, el flujo de dinero hacia inversión responsable sería colosal. Por eso Matiz insiste en que el siguiente gran paso no dependerá de tecnología o tendencias novedosas, sino de acceso masivo al conocimiento. "El próximo gran paso será que invertir deje de ser algo excepcional y se convierta en una habilidad básica de vida", afirma.
Fuente original: El Tiempo - Finanzas Personales
