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Ivanka Trump y su esposo compran isla en Albania: lujo vs. naturaleza desata crisis ambiental

Fuente: France 24 - Europa
Ivanka Trump y su esposo compran isla en Albania: lujo vs. naturaleza desata crisis ambiental
Imagen: France 24 - Europa Ver articulo original

Ivanka Trump y Jared Kushner descubrieron la isla de Sazan durante una excursión y decidieron invertir en un megaproyecto turístico de lujo que incluiría hoteles, villas y puertos deportivos. El Gobierno albanés respalda la iniciativa valorada en hasta 4.000 millones de euros como motor de desarrollo, pero ambientalistas advierten que amenaza humedales protegidos clave para aves migratorias. Las protestas se han intensificado con enfrentamientos, detenciones y cuestionamientos sobre la transparencia y la propiedad de los terrenos.

Durante décadas, Sazan fue uno de los rincones más vírgenes de Albania. Esta isla de 1.400 hectáreas, ubicada entre los mares Adriático y Jónico, permaneció prácticamente deshabitada tras el colapso del régimen comunista que la utilizó como base militar. Sus aguas cristalinas, vegetación mediterránea e islas rocosas la convirtieron en un ecosistema de incalculable valor, especialmente por su proximidad a la laguna de Narta y al área protegida de Vjosa-Narta, un punto crítico para aves migratorias, tortugas marinas y especies en peligro. Ese aislamiento fue lo que cautivó a Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner. Según contó la propia hija del presidente estadounidense Donald Trump, descubrieron la isla por casualidad nadando hasta la costa durante una excursión en barco. El descubrimiento cambió todo. Dos años después, lo que pareció ser un encuentro accidental se transformó en uno de los proyectos inmobiliarios más polémicos de Europa.

Los planes impulsados por inversores vinculados a Kushner contemplan construir un enorme complejo turístico de lujo en Sazan y otro desarrollo urbanístico en la cercana Zvernec, junto a la laguna de Narta. El proyecto incluiría hoteles, villas de lujo, apartamentos exclusivos, recreo y un puerto deportivo para turismo de alta gama. Algunas estimaciones hablan de hasta 10.000 habitaciones que transformarían la zona en un nuevo destino internacional de élite. El Gobierno albanés aceleró los trámites otorgando a los promotores el estatus de "inversor estratégico", una categoría que facilita permisos y coordinación con instituciones estatales. El primer ministro Edi Rama ha defendido públicamente la inversión como una oportunidad histórica. Albania posee cerca de 450 kilómetros de costa poco urbanizados y el Gobierno ve en esto una puerta para atraer inversión extranjera, empleo y mejorar su imagen internacional cuando busca reforzar vínculos con la Unión Europea. Rama ha insistido en que el proyecto seguirá adelante y ha afirmado que la inversión total podría alcanzar los 4.000 millones de euros.

Sin embargo, la oposición ha sido feroz. Organizaciones ecologistas nacionales e internacionales advierten que las obras afectarían áreas protegidas de gran valor. La zona de Vjosa-Narta es uno de los humedales más importantes de los Balcanes, escala fundamental para miles de aves migratorias que cruzan la costa adriática. Los ambientalistas denuncian que la urbanización dañaría playas vírgenes, hábitats protegidos y corredores naturales de numerosas especies. Las protestas se intensificaron cuando excavadoras y maquinaria pesada comenzaron trabajos preliminares: apertura de caminos, movimientos de arena y desalojos de terrenos. Los manifestantes usan imágenes de flamencos rosados, una especie emblemática del humedal, como símbolo de la resistencia.

Miles de personas han salido a las calles de Tirana y otras ciudades exigiendo parar las obras. Los manifestantes sostienen que parte importante del patrimonio natural del país está siendo sacrificada por intereses inmobiliarios privados. Las tensiones escalaron cuando se instalaron alambradas que restringieron el acceso a zonas costeras. Videos en redes sociales mostraron enfrentamientos entre activistas y personal de seguridad privada, con manifestantes siendo retirados por la fuerza. Las movilizaciones llegaron a la capital con pancartas que decían "La nación no está en venta" y "No quiero que Albania se convierta en Dubái". Ha habido detenciones, heridos y episodios de violencia que reflejan la profunda polarización alrededor del proyecto.

Más allá de lo ambiental, hay dudas sobre la legalidad. Varias familias y grupos locales sostienen que parte de los terrenos están envueltos en disputas de propiedad que datan de la caída del comunismo en los noventa. Como en muchas zonas de Albania, persisten reclamaciones por bienes expropiados en aquella época. Además, organizaciones civiles cuestionan la falta de transparencia sobre la estructura financiera y la identidad exacta de algunos inversores. La Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania confirmó que abrió una investigación relacionada con el proyecto. Aunque no reveló detalles, medios locales señalan que examina posibles irregularidades en cambios al régimen de protección ambiental, procedimientos en la adjudicación de terrenos y el origen de fondos empleados. Sin acusaciones formales aún, la investigación oficial añade una nueva capa de complejidad a un asunto que se ha convertido en uno de los más sensibles del país.

Sazan representa hoy un símbolo más amplio. Para defensores del proyecto, es una oportunidad para llevar capital internacional y posicionar a Albania en el turismo de lujo mundial. Para críticos, simboliza el riesgo de que uno de los últimos espacios costeros vírgenes del Mediterráneo sea transformado por grandes desarrollos impulsados desde fuera. Mientras las obras avanzan y las protestas continúan, la antigua isla militar se ha convertido en el escenario de un debate que trasciende lo inmobiliario: cómo equilibrar crecimiento económico, protección ambiental y transparencia institucional en un país que está transformando su litoral a pasos agigantados.

Fuente original: France 24 - Europa

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