Israel rechaza acuerdo EE.UU.-Irán y promete ocupar indefinidamente Líbano, Gaza y Siria

El gobierno de Netanyahu rechaza el memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, argumentando que ignora los intereses israelíes. Pese a la aparente calma en Líbano tras el acuerdo, Israel asegura que permanecerá "indefinidamente" en los territorios que ocupa y afirma que el pacto "no es vinculante". Un ataque con dron israelí mató a una persona en el sur libanés, evidenciando los obstáculos para implementar el acuerdo.
Tres meses y medio de hostilidades en el Medio Oriente terminaron con un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que generó una onda expansiva de frustración en Israel. Lo que Netanyahu esperaba alcanzar —destruir el programa nuclear iraní, aniquilar capacidades balísticas y provocar un cambio de régimen— quedó en el camino. En las calles de Tel Aviv, los israelíes expresaban su descontento. Guy Bar Natan lo describió a Reuters como "una traición" que solo contempla "los intereses estadounidenses", mientras Yael Alon pronosticaba que "durará, quizás, solo los dos años de mandato que le quedan a Donald Trump y luego volveremos a lo mismo". En las comunidades del norte, donde los residentes enfrentan constantemente ataques de Hezbolá, los sentimientos eran aún más crudos. "Es un horror, un horror, un horror, ya hemos tenido suficiente. Estamos viviendo en el infierno", subrayó Anetta, habitante de Kiryat Shmona, la principal ciudad en el extremo norte israelí.
La clase política israelí cargó contra Netanyahu. Naftali Bennett, quien lidera una oposición con posibilidades de desbancar al primer ministro, lo acusó de un liderazgo fallido e "incapaz de alcanzar una victoria decisiva". Yair Lapid fue más contundente, asegurando que en lugar de la prometida "victoria total", Netanyahu consiguió una "derrota total", y denunció que "un presidente estadounidense le ha dicho abierta y públicamente al primer ministro de Israel: 'Soy tu jefe y harás lo que te diga'". Incluso dentro de su propia coalición hay críticos. Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, catalogó el acuerdo como "malo para Israel y para todo el mundo libre", mientras que Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad, fue contundente al afirmar que el pacto "de Trump no nos vincula" y que "Israel no está subordinado a Estados Unidos. Somos un país independiente y soberano".
Frente a las críticas internas, Netanyahu intentó mostrar una posición firme. Aseguró que "con o sin acuerdo, Irán no tendrá armas nucleares" y ratificó que Israel permanecerá "el tiempo que sea necesario" en los territorios que ocupa en Gaza, el sur de Líbano y Siria. El ministro de Defensa, Israel Katz, fue más explícito al señalar que las tropas israelíes seguirán "indefinidamente" en esas áreas, que califica como "zonas de seguridad". Allí, afirmó, mantendrán el desplazamiento de residentes y "toda infraestructura terrorista", incluyendo viviendas, "serán destruidas". Además advirtió que "si Irán ataca Israel por lo que ocurra en Líbano, vamos a golpearlo con toda la fuerza".
Sin embargo, el acuerdo no ha traído la calma que promete. Aunque ha existido una relativa tregua en Líbano en las últimas horas, un ataque con dron israelí mató a una persona en un automóvil que circulaba cerca de Kfar Tebnit, en el sur. Fue la primera víctima desde el anuncio del memorando, señal clara de los obstáculos que Israel puede plantear para su cumplimiento. En Líbano, donde los residentes mantienen dudas sobre la estabilidad del cese de hostilidades, Mona Mazeh, desplazada en Beirut, fue clara respecto a su retorno: "Francamente, tenemos dudas; no se puede confiar en Israel". Hezbolá, por su parte, anunció haber disparado cohetes y drones contra fuerzas israelíes que intentaban avanzar en el sur libanés, demostrando que la frágil tregua podría romperse en cualquier momento.
El acuerdo también expone fisuras internas en Líbano. El presidente Joseph Aoun, crítico con la injerencia iraní a través de Hezbolá, emitió un comunicado cauteloso agradeciendo "a todos los países y entidades que contribuyeron" al memorando sin mencionar directamente a Irán o Israel. Posteriormente, sostuvo diálogos con el canciller iraní Abbas Araqchi, expresándole su "esperanza" de que el pacto constituya "un paso positivo hacia la reducción de las tensiones". El primer ministro Nawaf Salam, por su lado, enfatizó que Beirut ahora persigue la "retirada completa" del Ejército israelí mediante negociaciones directas en Washington, un proceso que Hezbolá rechaza. Desde el grupo chiita, Mahmoud Qamati defendió que su derecho "a defenderse" seguirá existiendo "mientras continúe la agresión y la ocupación" israelí, rechazando que el retiro de tropas se vincule al desarme de Hezbolá, como exige Israel.
El panorama es complejo. Mientras Israel promete ocupación indefinida, Hezbolá mantiene su capacidad ofensiva, Irán espera a formalizó el acuerdo a finales de semana, y los civiles libaneses permanecen escépticos sobre si esta paz será duradera. El acuerdo que pretendía resolver tensiones regionales enfrenta sus primeros y más críticos obstáculos precisamente en quien se suponía debía respetarlo: Israel.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



