Irán y EE.UU. negocian contra reloj mientras la tregua se desmorona en el Golfo
Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán están en la cuerda floja. Mientras Washington presiona y Teherán envía señales contradictorias, un ataque estadounidense a un barco iraní y el bloqueo de puertos iraníes complican la diplomacia. El alto el fuego vence el próximo miércoles y nadie garantiza una extensión. En juego está la estabilidad de una región clave para el suministro mundial de petróleo.
La diplomacia entre Estados Unidos e Irán atraviesa su momento más crítico desde el inicio del conflicto. Mientras Washington avanza con los preparativos para una nueva ronda de negociaciones en Islamabad, Teherán lanza mensajes contradictorios y el reloj corre: la tregua de dos semanas que comenzó el 8 de abril vence el 22 de abril. Lo que suceda en los próximos días podría determinar si prevalece la mesa de negociación o si la región entra en una nueva escalada de enfrentamientos.
Desde Teherán llegan señales mixtas que reflejan las divisiones internas. Funcionarios iraníes han indicado que una delegación encabezada por Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, podría viajar a Islamabad el martes 21 de abril, pero condicionada a que el vicepresidente estadounidense J.D. Vance también asista. Sin embargo, casi al mismo tiempo, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, declaró públicamente que "no hay planes" para una nueva ronda de conversaciones, acusando a Washington de no demostrar seriedad. El presidente Masoud Pezeshkian ha sostenido que la continuación de la guerra "no beneficia a nadie" y abogó por resolver los problemas "mediante la razón y en un ambiente de calma", dejando entrever sectores dentro del gobierno que aún quieren diplomacia. Pakistán, que actúa como anfitrión y mediador, continúa con los preparativos despliegue de cerca de 20.000 efectivos de seguridad en Islamabad y manteniendo cierto optimismo cauteloso, aunque ambas partes no han tomado decisiones definitivas.
Lo que ha endurecido los ánimos es el incidente que ocurrió este fin de semana. Estados Unidos capturó un buque de carga iraní cerca del estrecho de Ormuz luego de un enfrentamiento que duró seis horas, según anunció el presidente Donald Trump. Irán calificó la acción como "piratería armada" y prometió represalias, viendo en esto una prueba de que Washington no negocia de buena fe. Más profundo aún es el bloqueo estadounidense a los puertos iraníes, que Teherán sostiene obstaculiza cualquier posibilidad de diálogo serio. Una fuente iraní de alto nivel indicó que este bloqueo socava las perspectivas de conversaciones. Para entender el peso de esto: el estrecho de Ormuz gestiona aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo, así que cualquier tensión allí impacta los mercados energéticos globales y afecta economías como la colombiana.
Desde Washington también hay contradicciones. Trump afirmó inicialmente que Vance viajaría a Islamabad, pero luego sugirió que podría no asistir. Cuando se le preguntó directamente, respondió: "Se supone que debemos celebrar las conversaciones. Así que supongo que, a estas alturas, nadie está jugando". Esta ambigüedad refleja una estrategia estadounidense de mantener presión militar mientras impulsa la diplomacia, algo que Irán considera incompatible.
Más allá de la coyuntura inmediata hay diferencias estructurales difíciles de resolver. Irán rechaza negociar su programa de misiles, considerándolo no negociable. Existen desacuerdos sobre el programa nuclear, tensiones sobre la seguridad del estrecho de Ormuz y Estados Unidos busca concesiones rápidas. El propio Ghalibaf reconoció que en la primera ronda hubo avances, pero que persisten "grandes diferencias". A esto se suma que las amenazas cruzadas mantienen la tensión: Trump ha advertido sobre posibles ataques a infraestructuras iraníes, mientras Irán responde que podría atacar instalaciones energéticas en países del Golfo.
Tres escenarios se dibujan para los próximos días. Primero, que ambas delegaciones lleguen a Islamabad y logren una extensión del alto el fuego en el último minuto. Segundo, que las conversaciones se pospongan mientras continúan contactos indirectos. Tercero, que el alto el fuego expire sin acuerdo y los enfrentamientos se intensifiquen. Aunque ninguna de las partes ha cerrado completamente la puerta al diálogo, la diplomacia cuelga de un hilo. La decisión final dependerá de si Washington y Teherán logran reducir la tensión en las próximas horas.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



