Irán despide a Jamenei en una semana de duelo que mezcla luto nacional con desafío político

Irán realiza una de sus mayores ceremonias de Estado desde 1979 para despedir al líder supremo Alí Jamenei, fallecido a los 86 años en un ataque estadounidense-israelí el pasado febrero. Durante seis días, millones de personas participarán en actos que combinan homenaje religioso con una clara demostración de fortaleza política y rechazo a Occidente. El funeral también expone la incertidumbre sobre la sucesión, con la ausencia del probable heredero Mojtaba Jamenei, quien resultó gravemente herido en el mismo ataque.
Teherán se transformó desde la madrugada del viernes en el epicentro de una semana de ceremonias que las autoridades iraníes describen como el mayor acontecimiento nacional desde la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini en 1989. Barricadas policiales, vehículos militares y pancartas con consignas de resistencia cubrieron toda la capital mientras el país se preparaba para despedir a Jamenei, quien dirigió Irán durante casi cuatro décadas. Las autoridades estiman que hasta 30 millones de personas podrían participar en los distintos actos previstos en Irán e Irak, una movilización concebida tanto como tributo al líder difunto como demostración del poder de cohesión del Estado iraní frente a sus adversarios.
Lo que comenzó como una ceremonia fúnebre rápidamente adquirió dimensiones políticas claras. El viernes pasado, la élite política, judicial y militar iraní desfiló ante el féretro cubierto con la bandera del santuario del imán Husayn. Entre los presentes estaban el presidente Masoud Pezeshkian, altos mandos de la Guardia Revolucionaria y el general Ahmad Vahidi, cuya reaparición pública fue interpretada como una reafirmación del liderazgo militar tras la guerra. Los discursos oficiales fueron contundentes: Vahidi aseguró que la muerte de Jamenei fortalecerá al país y afirmó que "jamás" se rendirá ante sus enemigos. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que la nación responderá a la muerte de su líder y prometió que el país no permanecerá en silencio frente a Estados Unidos e Israel.
El simbolismo religioso refuerza ese mensaje político. La coincidencia del funeral con el mes de Muharram, cuando los musulmanes chiitas conmemoran el martirio del imán Husayn, no es casual. Para las autoridades iraníes, la muerte de Jamenei en un ataque enemigo lo incorpora a una tradición profundamente enraizada de sacrificio y resistencia en el chiismo. El ataúd descansa bajo un turbante negro, reservado a clérigos que afirman descender del profeta Mahoma, junto a un tradicional pañuelo palestino, símbolo de la solidaridad con la causa palestina que caracteriza al discurso revolucionario iraní.
Sin embargo, el funeral también deja al descubierto las fracturas internas. Junto al ataúd de Jamenei fueron colocados los féretros de varios familiares fallecidos en el mismo ataque, incluyendo su hija, su yerno y una nieta de apenas 14 meses. La ausencia más significativa es la de Mojtaba Jamenei, considerado sucesor de su padre y gravemente herido en el bombardeo. Aunque su imagen aparece en numerosos carteles como símbolo de continuidad, no se espera que participe en las ceremonias debido a su estado de salud y a las amenazas de Israel. Su ausencia alimenta la incertidumbre sobre el futuro político de la República Islámica en un momento crítico.
Las dificultades económicas, las secuelas de años de sanciones internacionales y las protestas internas permanecen prácticamente ausentes del discurso oficial. Los organizadores del funeral han intentado responder a ese malestar ofreciendo transporte, alojamiento y alimentación para facilitar la asistencia masiva, mientras carteles prometen "un futuro brillante para Irán".
El calendario de despedida se extiende durante toda la semana. Tras las ceremonias en Teherán, una procesión de diez kilómetros está prevista para el lunes entre plazas clave de la capital. El cuerpo será trasladado a Qom, el principal centro religioso chiita del país, antes de viajar a las ciudades iraquíes de Nayaf y Kerbala, un recorrido que reconoce la influencia regional de Jamenei. Al funeral asistieron representantes de Irak, Pakistán, Armenia, Tayikistán, Rusia y China, además de líderes de organizaciones aliadas como Hezbolá. Sin embargo, la ausencia de líderes occidentales evidenció el aislamiento diplomático de Irán. Desde Teherán, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores acusó a Europa de haberse situado "en el lado equivocado de la historia" por respaldar los ataques estadounidenses e israelíes que desencadenaron la guerra el pasado 28 de febrero.
La culminación llegará el jueves 9 de julio en Mashhad, donde Jamenei será sepultado cerca del santuario del imán Reza. Con ello concluirá una semana cuidadosamente diseñada para mostrar que, a pesar de la muerte del hombre que concentró el poder político y religioso durante casi cuatro décadas, la República Islámica pretende exhibir continuidad, capacidad de movilización y determinación inquebrantable frente a sus adversarios.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



