IA y elecciones 2026: el reto de proteger la democracia en redes

Con las elecciones de 2026 a la vista, expertos advierten que la inteligencia artificial y los deepfakes representan una amenaza seria para la confianza pública en Colombia. El 73 por ciento de los votantes se siente indefenso ante estas manipulaciones. La clave está en fortalecer la ciudadanía digital y desarrollar un pensamiento crítico que permita a los colombianos identificar desinformación y ser actores responsables en redes, no simples víctimas de los algoritmos.
En un panel organizado por Impacto TIC sobre los desafíos digitales de las elecciones 2026, expertos coincidieron en un punto central: aunque la tecnología amplifica nuestras capacidades, su impacto depende completamente de cómo la usemos. María Alejandra Villamizar, directora de la Fundación Conversa Colombia, y Carlos Lemoine, del Centro Nacional de Consultoría, analizaron cómo los algoritmos y la desinformación están redefiniendo el juego político en Colombia.
El panorama es inquietante. Según datos del CNC, el 26 por ciento de los colombianos ya usa herramientas de IA. Pero aquí está lo preocupante: estos usuarios son principalmente hombres en grandes ciudades, estratos altos, con más educación y buena conectividad. Mientras tanto, el 73 por ciento del electorado colombiano dice sentirse completamente indefenso ante la posibilidad de que se usen deepfakes (videos, imágenes o audios falsos creados con IA) para manipular la campaña. "La IA permite procesar y generar mensajes a una velocidad sin precedentes, lo que puede ser usado para informar o para inundar el espacio público con narrativas distorsionadas", explicó Lemoine. Lo grave es que vivimos en un paradoja: tenemos más información que nunca, pero la confiable escasea. Como dijo Lemoine con una comparación potente: "En las inundaciones lo que más escasea es el agua potable. En este momento de abundancia de información, lo que más escasea es la información fidedigna".
La campaña política ha cambiado radicalmente. Para Villamizar, "la campaña misma es la campaña digital", desplazando los comités tradicionales por una presencia constante en redes. El problema: esto prioriza la viralidad sobre la calidad, lo que resulta en mensajes apresurados que se expanden sin control. Los deepfakes son particularmente peligrosos porque pueden suplantar candidatos o crear situaciones falsas casi indistinguibles de la realidad. La batalla por la verdad se librará en la capacidad de ciudadanos e instituciones para identificar estas manipulaciones.
Entonces, ¿cómo protegerse? Los expertos proponen un cambio de mentalidad. Primero, dejar de verte como víctima de los algoritmos y asumir responsabilidad por lo que compartes. Segundo, contrastar información en fuentes verificables y preguntarte siempre si es verdad antes de comentar o reenviar. Tercero, no amplificar contenidos falsos o que buscan hacer daño: simplemente no los compartas. Cuarto, variar tu menú informativo siguiendo diferentes perspectivas para evitar quedar atrapado en burbujas. Y quinto, mantener en el mundo digital los mismos valores que en persona: el respeto, la altura en el debate y preguntarte si dirías eso mismo cara a cara.
La ciudadanía digital, según Lemoine, es la capacidad de tener "agencia sobre la tecnología": entender que puedes aprender, cuestionar y no ser manipulado. No viene solo por tener un celular, sino por desarrollar competencias críticas. Villamizar insiste en que esto requiere la corresponsabilidad de todos: plataformas, usuarios, políticos y medios. Para ella, la respuesta a la polarización digital está en recuperar la conversación presencial. "Para la polarización, la conversación", afirmó. Señaló que el entorno digital ha eliminado los "filtros de humanidad", permitiendo ataques personales que nunca se dirían cara a cara. Por eso critica que los candidatos eviten debates públicos. "Necesitamos pasar del grito digital a la conversación con propósito", agregó, destacando que países como México y Estados Unidos tienen debates obligatorios por ley, algo que garantiza un espacio donde los votantes puedan evaluar directamente a sus opciones electorales.
El desafío final es transitar de la impulsividad a la responsabilidad. Cada clic cuenta. Antes de interactuar, piensa en las consecuencias de tus actos digitales. Usa el sentido común, mantén la duda metódica y actúa siempre con un propósito claro. Como señaló Jaramillo al cierre, el compromiso es que la tecnología sea aliada del progreso, no herramienta del caos. La protección de la democracia en 2026 no dependerá de máquinas más sofisticadas, sino de ciudadanos más conscientes y responsables en el entorno digital donde ahora se decide el futuro del país.
Fuente original: Impacto TIC

