Enfermedades que saltan de animales a humanos: una amenaza milenaria que persiste

Las zoonosis, enfermedades transmitidas de animales a personas, han acompañado a la humanidad desde el Neolítico cuando comenzó la agricultura. Existen más de 200 tipos conocidos, desde la peste medieval hasta el hantavirus actual. Según expertos, para que un virus salte de animales a humanos se necesitan al menos dos eventos aleatorios: una mutación que permita multiplicarse en personas y encuentro con una población humana lo suficientemente densa para propagarse.
Las enfermedades que saltan de animales a humanos, conocidas como zoonosis, no son un fenómeno nuevo ni sorprendente en la historia de la humanidad. Convivimos con ellas desde el Neolítico, cuando la agricultura y ganadería acercaron a las personas con roedores y animales domesticados, creando las condiciones para que estos patógenos cruzaran la barrera entre especies. La Organización Mundial de la Salud documenta más de 200 tipos diferentes de zoonosis, y aproximadamente dos terceras partes de todas las infecciones humanas conocidas tienen su origen en animales.
Los ejemplos más dramáticos están en los libros de historia. La peste que asoló Europa entre 1347 y 1351 es probablemente una de las peores zoonosis registradas, mientras que la viruela acompañó a la humanidad durante miles de años. En tiempos más recientes, el hantavirus fue detectado por primera vez en los años noventa en Estados Unidos, el virus del Nilo sigue circulando en algunas regiones, y el coronavirus MERS salta regularmente de los camellos a las personas en Oriente Medio. El brote actual de hantavirus en un crucero ha vuelto a poner la atención pública sobre estas enfermedades, tal como ocurrió con el covid-19 hace algunos años.
Para que un virus animal logre infectar a los humanos y propagarse entre ellos se requieren al menos dos coincidencias afortunadas. Primero, debe ocurrir una mutación que permita al virus multiplicarse dentro del cuerpo humano, algo que puede tardar años o décadas en suceder. Segundo, el virus debe encontrarse con una población humana suficientemente grande y densa como para transmitirse de persona a persona. Como explica la viróloga española Margarita del Val, investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en Madrid, estas son circunstancias que "no se suelen dar" con frecuencia, por eso aunque las zoonosis son "razonablemente frecuentes", los saltos exitosos son eventos raros. Por esa razón las cuarentenas funcionan: al reducir drásticamente el tamaño de la población de contactos, se corta la cadena de transmisión.
Pero la relación entre humanos y animales respecto a estas enfermedades no es unidireccional. El covid-19, que lleva seis años entre nosotros, ya ha sido transmitido por humanos a dieciocho especies animales en distintos continentes. Al inicio de la pandemia también contagiamos el coronavirus a visones en granjas industriales. El cambio climático complicaría aún más el panorama, permitiendo que mosquitos y garrapatas transmisores de enfermedades se establezcan en nuevas regiones donde antes no podían sobrevivir.
Ante esta realidad, los expertos proponen un enfoque llamado "una sola salud", que reconoce la conexión entre el bienestar ambiental, la salud animal y la humana. Del Val insiste en que no podemos esperar a que haya pacientes graves en las unidades de cuidados intensivos para actuar. Es necesario monitorear constantemente qué enfermedades circulan en animales domésticos y silvestres, y entender cómo nuestras acciones impactan el equilibrio natural que comparte nuestro planeta con otras especies. Solo así podremos anticiparnos a las próximas zoonosis que inevitablemente llegarán.
Fuente original: El Tiempo - Vida