El papa León XIV consagra la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, 100 años después de la muerte de Gaudí

El papa León XIV consagrará el 10 de junio la Torre de Jesucristo, el último elemento que completa las 18 torres de la Sagrada Familia en Barcelona, convirtiéndola en el templo católico más alto del mundo con 172,5 metros. Esta ceremonia ocurre exactamente cien años después de la muerte de Antoni Gaudí, el arquitecto que transformó el proyecto original en una obra maestra que ha tomado casi 144 años en construcción. La basílica sigue siendo un proyecto colectivo que seguirá evolucionando hasta 2035, con trabajos que incluyen la fachada de la Gloria y nuevas conexiones urbanas.
Barcelona está a punto de presenciar un acontecimiento que cierra un ciclo de casi siglo y medio. El papa León XIV llegará a la capital catalana el 10 de junio para consagrar la Torre de Jesucristo, la última pieza que faltaba en el rompecabezas arquitectónico de la Sagrada Familia. Lo particular es que esta fecha coincide exactamente con el centésimo aniversario de la muerte de Antoni Gaudí, el visionario que redefinió la obra y le dio su carácter inconfundible.
La historia de la Sagrada Familia comienza como un proyecto neogótico tradicional concebido por Francisco de Paula del Villar, pero cuando los costos se descontrolaron, Gaudí entró en escena para transformarlo en algo completamente diferente. El templo resultante, que ahora alcanza 172,5 metros de altura, representa una hazaña que desafía la lógica del tiempo. "Mi cliente no tiene prisa", solía decir Gaudí con esa mezcla de paciencia y certeza que caracterizaba su pensamiento. Gaudí tenía una visión clara: su obra no debería superar la altura de Montjuïc, el cerro más alto de Barcelona, porque la creación humana nunca debe estar por encima de la obra de Dios.
Lo fascinante es que Gaudí nunca vio terminada su creación. Fue consciente de que dejaba acertijos arquitectónicos sin resolver, convencido de que futuras generaciones con nuevas tecnologías encontrarían las respuestas. En 1936, dos días después del golpe de Estado que desencadenó la Guerra Civil española, anarquistas incendiaron la cripta donde se ubicaba su taller, destruyendo planos y maquetas esenciales. Sin embargo, muchos de esos modelos fueron rescatados y restaurados después de la guerra. Décadas más tarde, el arquitecto neozelandés Mark Burry descifró los secretos que Gaudí había dejado plasmados en esas maquetas reconstruidas, permitiendo que la obra continuara con fidelidad a la visión original.
La Sagrada Familia no es simplemente un edificio religioso, sino un lenguaje arquitectónico donde cada elemento narra historias de la fe cristiana. Las dieciocho torres coronan la estructura: doce dedicadas a los apóstoles, cuatro a los evangelistas, una a la Virgen María y la central a Jesucristo, rematada con una cruz de vidrio y cerámica que dirige las miradas hacia el cielo. Los vitrales están diseñados para jugar con la luz solar a lo largo del día, comenzando con azules y verdes en la mañana y terminando con ocres y rojizos al atardecer. Las frutas esculpidas representan las estaciones del año entrelazadas con los misterios de la pasión de Cristo.
Gaudí mismo descansa en la cripta bajo la Torre de María, el lugar exacto donde concibió toda su obra. Aunque el maestro nunca conoció personalmente al escultor japonés Etsuro Sotoo, su visión inspiró tanto al artista que este no solo esculpió unas quinientas piezas para las puertas y coronas de la fachada del Nacimiento, sino que se convirtió al catolicismo. Este fenómeno se repitió con muchos otros artistas catalanes que contribuyeron a lo largo de los años, haciendo de la Sagrada Familia exactamente lo que Gaudí imaginó: un proyecto colectivo.
La obra aún no termina. La fachada de la Gloria, considerada el cierre conceptual del diseño de Gaudí, se estima que estará lista para 2035. Su construcción implicará la transformación de una manzana completa actualmente habitada, lo que ha generado cierta polémica. Para finales de 2026, deberán estar listos la escalinata monumental y el puente elevado que también formaban parte del proyecto original.
Cuando León XIV bendiga la Torre de Jesucristo, no solo consagrará una estructura física de piedra y acero, sino un testimonio viviente de fe, paciencia y redención. La Sagrada Familia ha evolucionado junto con Barcelona durante sus 144 años de construcción, permaneciendo como el corazón que irriga la ciudad y la memoria que la sostiene.
Fuente original: France 24 - Europa



