El papa León XIV clama por dignidad en Canarias: "La historia nos juzgará por la indiferencia"

Durante la última etapa de su viaje a España, el papa León XIV visitó Gran Canaria y Tenerife para lanzar uno de sus mensajes más fuertes sobre migración y derechos humanos. En el puerto de Arguineguín, convertido de "muelle de la vergüenza" en símbolo de esperanza, pidió a la comunidad internacional abrir vías legales y seguras para migrantes, combatir las redes de tráfico y reforzar los rescates marítimos. El pontífice recalcó que la dignidad humana no tiene pasaporte y advirtió que el mundo no puede acostumbrarse a contar muertos en el Atlántico y Mediterráneo.
El papa León XIV eligió las islas Canarias para cerrar su gira por España con el mensaje más contundente de su pontificado sobre inmigración. En el puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, un enclave que hace apenas años fue símbolo de hacinamiento durante la crisis migratoria, el líder del Vaticano dirigió sus palabras más crudas contra la pasividad internacional frente a las tragedias en el mar.
El acto que denominó "Entre las dos orillas" reunió a migrantes, voluntarios, rescatistas, autoridades españolas y representantes de organizaciones humanitarias. Allí, León XIV pronunció una de sus frases que resumió toda su posición: "La dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde su valor al cruzar una frontera". Agregó que antes de cualquier otra consideración, quería "inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Son personas con una historia, una familia y una esperanza".
El contexto de la visita pesaba. Canarias registró un récord de 46.843 llegadas irregulares en 2024, aunque las cifras bajaron drásticamente en los meses previos al viaje papal tras acuerdos entre la Unión Europea, España y gobiernos africanos. El papa escuchó testimonios demoledores: una mujer nigeriana víctima de trata de personas que relató abusos y explotación sexual durante su travesía, y una empresaria colombiana que logró reconstruir su vida tras llegar en situación precaria. También se encontró con Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo, quien compartió que su equipo ha rescatado alrededor de 20.000 personas en años recientes.
Más allá de la empatía, León XIV planteó propuestas concretas: apertura de vías legales y seguras, mayor cooperación internacional contra el tráfico de personas, y fortalecimiento de operaciones de rescate. Enfatizó que no basta con controlar fronteras; hay que atacar las raíces del problema: pobreza, conflictos armados, violencia, corrupción y falta de oportunidades que empujan a millones a abandonar sus países. "La dignidad humana exige rescate y asistencia, protección efectiva para las víctimas y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra", señaló.
En la Catedral de Santa Ana en Las Palmas, el pontífice enfatizó que la acogida a migrantes no puede recaer únicamente en voluntarios y organizaciones humanitarias, sino que debe ser compromiso permanente de la Iglesia. Durante la misa multitudinaria en el Estadio de Gran Canaria, insistió en fraternidad, solidaridad y responsabilidad compartida entre pueblos.
El viaje concluyó en Tenerife, pero fue en Arguineguín donde León XIV dejó su huella más profunda. Frente al Atlántico, en una de las principales puertas de entrada a Europa, realizó una ofrenda floral en memoria de quienes murieron en travesías marítimas y bendijo una cruz elaborada con restos de embarcaciones de migrantes. Su advertencia final resonó como llamado de conciencia: "No podemos acostumbrarnos a contar muertos. Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas". Y dejó la pregunta que perseguirá a gobiernos y sociedades: "Que la historia no nos acuse de convertir el dolor de quienes sufren en una imagen habitual en nuestras costas".
Fuente original: France 24 - Europa



