El pájaro rojo que viaja desde Norteamérica y aparece en Bogotá cada año

La Piranga olivacea, un ave migratoria conocida como piranga escarlata, realiza cada año un viaje desde el este de Norteamérica hasta Suramérica, pasando por Colombia como punto clave en su ruta. Se trata de un ave de tamaño mediano que es difícil de ver porque se mueve en las copas altas de los árboles, pero su presencia se detecta por su canto. Su papel ecológico es importante: controla insectos y ayuda a dispersar semillas en los bosques.
En las grandes ciudades como Bogotá, la llegada de nuevas estaciones casi no se nota. Pero en la naturaleza, procesos silenciosos continúan su marcha sin importar el ritmo urbano. Uno de los más fascinantes es la migración de aves, un viaje anual que conecta territorios lejanos a través de rutas ancestrales. Colombia ocupa un lugar privilegiado en estas travesías: es paso obligado para varias especies que viajan entre continentes.
Una de esas viajeras es la Piranga olivacea, popularmente llamada piranga escarlata. Cada año, se reproduce en el este de Norteamérica y cuando llega el invierno emprende el viaje hacia el norte de Suramérica. En ese recorrido, puede cruzarse ocasionalmente en territorio colombiano, incluso en zonas de montaña. Es un ave de tamaño mediano, cabeza proporcionalmente grande y pico grueso y redondeado. Lo curioso de esta especie es que cambia de apariencia según la época. Durante la reproducción, el macho luce un plumaje rojo intenso con alas y cola negras, mientras que la hembra mantiene tonos verde oliva que le sirven de camuflaje entre las hojas.
A pesar de sus colores llamativos, la piranga escarlata es complicada de observar a simple vista. Prefiere moverse en las ramas más altas de los árboles, dentro de bosques densos y áreas muy arboladas. Por eso, quien quiera confirmar su presencia tiene más suerte escuchando su canto que viéndola directamente. Durante la migración se integra en bandadas mixtas, y mantiene parejas estables durante cada temporada reproductiva.
Desde el punto de vista ambiental, esta ave tiene un papel importante en los ecosistemas que visita. Se alimenta principalmente de insectos: orugas, larvas, polillas, escarabajos, arañas, libélulas, grillos y mosquitos. También consume frutos, particularmente en árboles como el yarumo, lo que la convierte en dispersora de semillas. Esta actividad alimentaria la posiciona como un indicador natural de la salud de los bosques y como controladora de plagas.
Para atraer a esta especie y otras aves migratorias, especialistas recomiendan mantener áreas con vegetación densa, permitir el crecimiento de árboles altos, garantizar disponibilidad de agua y conservar plantas que produzcan frutos. Estas acciones simples contribuyen a que aves como la piranga escarlata encuentren en Colombia no solo un paso en su travesía, sino también recursos para completar su viaje.
Fuente original: El Tiempo - Vida