El oleoducto "plan B" de Arabia Saudita que sostiene el petróleo mientras crece el caos en Medio Oriente

Frente al riesgo de que Irán cierre el estrecho de Ormuz, Arabia Saudita está usando un oleoducto alternativo de 1.200 kilómetros que conecta sus campos petroleros del Golfo Pérsico con el puerto de Yanbu en el Mar Rojo. Aunque fue diseñado hace décadas como medida de emergencia, esta ruta no es una solución definitiva: tiene limitaciones logísticas y enfrenta nuevas amenazas de ataques. Sin este conducto, sin embargo, la crisis energética global sería aún más grave.
Mientras la tensión escalada entre Estados Unidos e Irán amenaza con cortar uno de los pasos marítimos más vitales del planeta, una ciudad saudita a más de mil kilómetros del Golfo Pérsico se ha convertido en pieza clave de la estrategia energética global: Yanbu. Este puerto en el Mar Rojo es el punto de salida de un oleoducto poco conocido pero ahora crucial que Arabia Saudita está utilizando para desviar parte de su producción de crudo, anticipándose a un posible bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, por donde transitan diariamente unos 20 millones de barriles de petróleo de diferentes países.
El oleoducto Este-Oeste, también llamado Petroline, es una infraestructura de 1.200 kilómetros que conecta los campos petroleros sauditas ubicados en el Golfo Pérsico con Yanbu. Fue construido a partir de 1982, durante la guerra entre Irán e Irak, cuando los sauditas se percataron de que no podían depender únicamente de un paso que un país rival podría bloquear en cualquier momento. Durante décadas, sin embargo, apenas fue utilizado. La ruta principal para exportar petróleo saudita siempre fue más ventajosa: no solo era más económica porque ahorraba costos de transporte por oleoducto, sino que también era más rápida y llegaba más fácilmente a los principales clientes de Asia situados cerca del Ormuz. Pero la guerra actual ha transformado lo que parecía un dinosaurio administrativo en una decisión maestra. Adi Imsirovic, especialista en mercados energéticos de la Universidad de Oxford, explica que este oleoducto ha "desempeñado un papel extremadamente importante para mitigar el impacto de la pérdida de exportaciones de barriles de petróleo debido al cierre del estrecho de Ormuz". Jim Krane, experto en temas energéticos de la Universidad Rice, fue más directo al señalar a Bloomberg que "sin este oleoducto, Donald Trump probablemente estaría aún más desesperado".
No obstante, Yanbu no es una solución milagrosa. En teoría, el oleoducto podría transportar hasta cinco millones de barriles diarios, cifra que combinada con dos millones más que se desplazarían desde gas licuado alcanzaría los siete millones de barriles. Esto superaría los seis millones que Arabia Saudita exportaba antes de la guerra por el Ormuz. El problema está en el puerto de destino: Yanbu nunca fue diseñado para manejar semejante volumen. Su terminal puede procesar hasta 4,5 millones de barriles diarios en teoría, pero históricamente apenas ha manejado 2,5 millones. Esta limitación convierte la operación en un rompecabezas logístico para los sauditas que podría generar cuellos de botella importantes.
Además, ni siquiera sumando este oleoducto con el conducto ADPOC de los Emiratos Árabes Unidos (que también evita el Ormuz) se alcanza la capacidad del paso que supuestamente se bloquearía. Eckart Woertz, director del Instituto GIGA de Estudios sobre el Medio Oriente, afirma que "el oleoducto Este-Oeste ciertamente no permite reemplazar todo el petróleo que no se exporta debido a la situación en el estrecho de Ormuz". Tampoco la ruta a través del Mar Rojo es completamente segura: los petroleros deben cruzar el estrecho de Bab el-Mandeb y el golfo de Adén, donde grupos armados proiraníes como los hutíes mantienen una amenaza constante de ataques.
A pesar de estas limitaciones, el impacto podría haber sido catastrófico sin esta válvula de escape. Woertz reconoce que "sin él, y en menor medida sin el oleoducto ADPOC, la situación en el mercado mundial de la energía sería aún mucho más difícil". Para Arabia Saudita y Saudi Aramco, el oleoducto les permite proyectar una imagen de estabilidad, mostrándose como "un actor en el que se puede confiar incluso en tiempos de guerra en la región", según la especialista Agata Loskot-Strachota. El riesgo es que esta misma utilidad lo convierte en un blanco de primer orden: si Irán decide intensificar la presión sobre los mercados energéticos mundiales, el oleoducto Este-Oeste y Yanbu podrían convertirse rápidamente en objetivos prioritarios de sus ataques.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



