El miedo colectivo paraliza a Riohacha: cuando la violencia nos roba hasta la alegría de vivir

La inseguridad y la violencia han transformado la vida cotidiana en el Magdalena, especialmente en Riohacha, donde el miedo se ha convertido en una pandemia silenciosa que mantiene a la gente encerrada. Según el columnista Luis Eduardo Acosta Medina, este problema no es nuevo en Colombia y ha acompañado al país durante gobiernos de diferentes épocas. La reflexión invita a que la sociedad abandone la resignación y busque soluciones que vayan más allá del conflicto armado.
Las calles de Riohacha están vacías. Los negocios cierran sus puertas antes de lo normal, los carros y motos desaparecen del centro, y hasta los "peajes" informales que algunos mantienen en las esquinas han dejado de funcionar. Lo que era una ciudad viva se ha convertido en un pueblo fantasma donde el miedo es el único que circula libremente.
Luis Eduardo Acosta Medina, columnista de Guajira News, describe con crudeza lo que está sucediendo en el Magdalena: "En el Magdalena ya suceden tantas cosas que se ven tan asombrosas y todo es calamidad, ya no se vive como antes se vivía ya no se ve la alegría sino el robo y la maldad con los asaltos que este año se han presentado debemos tener cuidado porque nos pueden matar". No es un exabrupto de pesimismo. Es el retrato de una realidad que ha tocado fondo.
Lo inquietante es que esto no es exclusivo del gobierno actual. Acosta Medina recuerda que la violencia en Colombia es un problema histórico, patológico, que ha acompañado al país durante décadas. Cita casos perturbadores: el 11 de mayo de 2025, Día de la Madre, cuando la gente celebraba con sus familias, fueron asesinadas 65 personas en el país. O aquel 5 de septiembre de 1993, cuando Colombia goleaba 5-0 a Argentina en las eliminatorias y registró 82 muertes violentas mientras la gente celebraba en las calles. "Salimos de a 16.4 muertos por cada gol", apunta el columnista con una ironía que duele.
Acosta Medina describe el momento en que escribía esta reflexión: acababa de salir de un cajero automático en Riohacha, caminando por una calle desolada, sin encontrar ni una persona para saludar. En ese silencio escuchó desde algún balcón la canción "Mi proclama", que dice: "Pueblo mío porque te quieres acabar, porque eres ciego no te das cuenta, porque no tratas de recapacitar, te está acabando tanta violencia". Para el columnista, fue como un clamor del cielo.
Lo preocupante es cómo el miedo se ha convertido en contagioso. Cuando visitó a conocidos después de ese paseo, antes de ofrecerle café, primero lo regañaron por haber salido a la calle. Luego le compartieron historias aterradoras sobre la situación. El columnista reconoce que aunque los guajiros tienen fama de valientes, también ejercemos "a plenitud" el derecho constitucional fundamental al miedo. "Cobarde es lo que sobra", dice con una autocrítica que es propia de quien vive la realidad.
La conclusión de Acosta Medina es dura pero necesaria: esta situación requiere que todos hagan un análisis introspectivo profundo. Los políticos deben "atemperarse", porque invertir en proyectos que piden sangre en lugar de proyectos que hagan soñar con un futuro mejor es crear el escenario perfecto para el conflicto. "El valor civil llega hasta donde empieza el instinto de conservación", sentencia. Lo que pide es que paremos esta vaina "por las buenas", porque la historia ya demostró que a plomo no hay salida posible. El columnista termina añorando sus años en Mongui, cuando todos eran hermanos y ninguno se prestaba para hacerle daño a otros. Esa es la vida que el Magdalena perdió.
Fuente original: Guajira News

