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El mejor jefe no es el más carismático: es quien sabe poner a cada uno en su lugar

Fuente: La República - Emprendimiento

Un estudio de más de una década analizó a 30.000 gerentes en 100 países y descubrió que los líderes más exitosos no son los más exigentes, sino quienes identifican las fortalezas ocultas de sus empleados y los guían hacia roles donde rinden mejor. Los trabajadores que tuvieron este tipo de jefes ganaron 13% más salario, fueron 40% más propensos a cambiar de cargo y mantuvieron estas mejoras años después. La clave está en dedicar tiempo real a conocer a la gente: estos gerentes invertían 19% más tiempo en reuniones uno a uno.

Durante años hemos creído que un buen gerente debe ser carismático, exigente, con visión estratégica y carisma natural. Pero un estudio masivo acaba de voltear esa idea de cabeza. Resulta que lo que realmente separa a los mejores jefes del montón es algo mucho más práctico: la capacidad de descubrir qué se le da bien a cada persona y ponerla en un cargo donde realmente pueda brillar.

La investigación es seria: analizó el desempeño de 200.000 trabajadores y 30.000 gerentes en 100 países durante más de 10 años. Los resultados, que difundió The Wall Street Journal, muestran que los gerentes más exitosos no son necesariamente los más exigentes ni los más carismáticos. Son aquellos que saben reubicar talento de manera inteligente. Punto.

¿Cómo se dieron cuenta? Los investigadores miraron qué pasaba cuando gerentes se movían entre equipos. Tomaban dos equipos similares, le asignaban a uno un gerente de alto rendimiento y al otro uno promedio. Dado que los equipos eran parecidos, cualquier cambio en resultados provenía directamente del jefe. Y lo que vieron fue contundente: los empleados que trabajaron con gerentes de alto desempeño tuvieron 40% más de probabilidades de cambiar de rol dentro de la empresa en los años siguientes. No eran cambios menores, sino movimientos incluso hacia áreas completamente distintas.

El impacto económico fue real. En promedio, estos trabajadores ganaron 13% más salario y mostraron una productividad 16% superior comparado con quienes estuvieron bajo gerentes de menor desempeño. Lo más interesante: "El cambio de empleo explicó 64% del aumento salarial de trabajadores", según el análisis. Y aquí está lo crucial: esos beneficios no desaparecieron cuando el gerente se fue. A diferencia de lo que pasaría si fuera solo un efecto motivacional temporal, la mejora se mantuvo por años. Estos jefes transformaban trayectorias profesionales, no solo sacaban resultados a corto plazo.

¿Cuál era su secreto? Los gerentes de alto rendimiento dedicaban 19% más tiempo a reuniones uno a uno con sus colaboradores. En esos espacios, detectaban intereses y habilidades que no siempre estaban en el cargo oficial. Un trabajador contó que su gerente identificó su interés por el diseño gráfico durante una presentación rutinaria y lo puso a liderar una campaña. Otro logró migrar al área de marketing digital después de recibir apoyo para capacitarse. No era casualidad: era gente que sabía escuchar.

Lo que el estudio también encontró es que estos líderes no solo movían personas, sino que las inspiraban a moverse por iniciativa propia. Los empleados que trabajaron con este tipo de gerentes tuvieron 50,5% más de probabilidades de asumir asignaciones temporales fuera de sus equipos habituales. En otras palabras, generaban confianza. Despertaban en la gente el deseo de explorar nuevas oportunidades.

El mensaje final del informe es claro: "Los líderes deben ser medidos y recompensados por desarrollar talento a través de reasignaciones inteligentes, no solo por la producción del equipo". Y subraya algo que muchas empresas olvidan: esta responsabilidad no debe recaer solo en recursos humanos. Detectar fortalezas y guiar carreras es parte esencial del rol del gerente. En Colombia, donde tantos talentos se estancan en cargos inadecuados, este hallazgo debería hacernos pensar.

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