El lavatorio de pies en Jueves Santo: el gesto que recuerda que servir es liderazgo

En Jueves Santo, la Iglesia católica conmemora el momento en que Jesús lavó los pies de sus apóstoles, un acto que simboliza la autoridad como servicio hacia los demás. Esta práctica litúrgica, que encabeza el sacerdote, suele dirigirse a personas en condiciones de vulnerabilidad como niños y adultos mayores. El gesto busca transmitir un mensaje de humildad a quienes ejercen liderazgo: que ningún servidor es más que su maestro.
Cada Jueves Santo, durante la Misa de la Cena del Señor, la Iglesia católica realiza una ceremonia que ha permanecido vigente por siglos: el lavatorio de pies. Este acto simbólico, encabezado por sacerdotes en las parroquias, recrea el momento en que Jesús, antes de su pasión, decidió lavar los pies de sus apóstoles. Según explica el medio EWTN, este gesto ilustra directamente "la naturaleza cristiana de la autoridad concebida como un servicio hacia los demás", basándose en el relato del Evangelio de Juan.
La raíz de esta práctica se encuentra en Juan 13, 1-17, donde se relata que Jesús, sabiendo que había llegado el momento de partir, se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura para lavar y secar los pies de sus discípulos. Cuando Simón Pedro cuestionó esta acción, Jesús le aclaró que era necesario para tener parte con él. En la antigüedad, el lavado de pies era una tarea exclusiva de sirvientes, nunca del anfitrión. Al asumir este rol, Jesús transformó una costumbre social en una enseñanza profunda sobre el servicio recíproco.
En la actualidad, el rito sigue siendo encabezado por el sacerdote como representante de la comunidad. Según el padre Martín Muñoz, nombrado en 2016 como Misionero de la Misericordia por el Papa Francisco, este ministerio es esencialmente uno de servicio. Muñoz afirma que "antes que nada necesitamos ser servidores". Por esta razón, la liturgia del Jueves Santo suele dar prioridad a personas en condiciones de vulnerabilidad, como niños, adultos mayores o madres.
La intención de Cristo, según Muñoz, fue ofrecer un ejemplo de fraternidad. Para el religioso, no es posible una entrega real a los demás si no se toma conciencia de que la identidad cristiana está ligada a la labor de servir. Esta perspectiva refuerza la idea de que todos los miembros de la comunidad están llamados a ejercer un rol apostólico en su entorno cotidiano.
La trascendencia del rito va más allá de la ceremonia física. Al concluir el lavatorio, Jesús retomó su lugar y cuestionó a los apóstoles sobre si comprendían lo sucedido. El mensaje final invita a reflexionar sobre el liderazgo: "ningún siervo es más que su amo y ningún mensajero es más que el que lo envió". Esta reflexión busca que los fieles encuentren significado en la práctica del servicio mutuo y reconozcan la humildad como un valor central de la fe cristiana.
Fuente original: El Tiempo - Vida