El Gobierno genera incertidumbre en la aviación cuando el sector despega sin precedentes

Colombia vivió un boom histórico en tráfico aéreo durante 2025 con más de 56 millones de pasajeros, un crecimiento del 38 por ciento comparado con 2019. Sin embargo, el Gobierno Petro acaba de introducir cambios a las reglas de asignación de horarios en aeropuertos que tienen preocupadas a las aerolíneas, la comunidad internacional y los expertos. La propuesta amenaza con introducir discrecionalidad en decisiones que afectan decenas de millones de dólares y podría terminar perjudicando precisamente lo que promete beneficiar: los precios de los tiquetes.
Las imágenes son familiares en cualquier terminal aérea grande del país: viajeros internacionales buscando los mostradores migratorios, familias abrazándose después de reencuentros ansiados, personas apuradas corriendo hacia sus conexiones. Esa escena cotidiana refleja una realidad económica tan importante que muchos apenas la notan: Colombia ha convertido el transporte aéreo en un motor creciente de su economía.
Los números lo confirman. Durante 2025, más de 56 millones de personas se transportaron por vía aérea en el país, un nuevo récord histórico. Para dimensionar esto: es 38 por ciento más que en 2019, antes de la pandemia. El tráfico doméstico superó los 33 millones de pasajeros mientras que los vuelos internacionales llegaron a más de 23 millones. El Producto Interno Bruto del sector de transporte aéreo creció 12 por ciento en 2025 respecto a 2024. Esto no es un dato para cuadros estadísticos: significa decenas de miles de empleos directos, especialmente en Bogotá donde El Dorado concentra 32.000 trabajadores.
La razón de este despegue es multifactorial. La geografía de Colombia, con ciudades dispersas en valles y cordilleras donde la carretera no es siempre viable, hace que el avión sea a menudo la única opción práctica. Más importante aún es que las aerolíneas de bajo costo expandieron sus rutas significativamente, haciendo viajar por aire más accesible a la clase media. A esto se suma que después de la pandemia, contrario a lo que muchos predijeron sobre videoconferencias reemplazando viajes, más personas que nunca quieren moverse de un lado a otro. Bogotá se consolidó como centro de conexión para toda América Latina, y el turismo internacional creció consistentemente, con proyecciones de 7,5 millones de visitantes extranjeros en 2026.
El aeropuerto El Dorado de Bogotá se convirtió en 2024 en la terminal con más tráfico de América Latina, por encima de Ciudad de México y São Paulo, manejando 45 millones de pasajeros y más de 835.000 toneladas de carga anualmente. Otros aeropuertos muestran signos de estrés: Rionegro en Medellín supera su capacidad de diseño y Cartagena ya está saturado. Estas presiones son normales en un sector que crece y no deberían ser sorpresa para nadie atento a los números.
Lo preocupante es que cuando todo marchaba bien, la administración Petro decidió cuestionar el sistema de asignación de horarios de despegue y aterrizaje en los principales aeropuertos. Estos horarios, técnicamente llamados slots, son franjas de tiempo autorizadas a cada aerolínea para que sus aviones despeguen o aterricen en horas específicas. En lugar de entender cómo funciona este sistema o mejorarlo de forma ordenada, el Gobierno comenzó en diciembre con mensajes sobre "democratización" de los slots, sugiriendo que esto reduciría precios de tiquetes. La Aeronáutica Civil anunció después cambios normativos incluyendo elevar de 80 a 90 por ciento el cumplimiento requerido para que una aerolínea mantenga su horario asignado.
Esto puede parecer un ajuste técnico menor, pero no lo es. El sistema actual opera en cerca de 300 aeropuertos congestionados en el mundo siguiendo estándares globales establecidos por IATA, una organización que agrupa a las aerolíneas. El esquema actual privilegia a quien llega primero y cumple, lo que garantiza orden, puntualidad y compromiso con las rutas. Elevar el estándar de cumplimiento a 90 por ciento es más exigente de lo que parece en la práctica. Pero el verdadero problema es otro: nadie sabe cómo se asignarían los horarios que se liberen. Sin claridad en los criterios, esto abre la puerta a decisiones discrecionales sobre quién se queda con espacios que valen decenas de millones de dólares en negocio. Eso es lo que preocupa a IATA, a las embajadas de países con aerolíneas operando aquí y a Avianca, que sería la más afectada.
Mientras tanto, hay evidencia de aerolíneas locales vendiendo pasajes sin contar con la debida asignación de horarios, denuncias que aparentemente no están siendo investigadas por las autoridades correspondientes. Todo esto ocurre mientras el Gobierno ignora recomendaciones que la propia IATA le hizo en 2023 para mejorar operaciones en Bogotá, como reparar sistemas de aterrizaje en visibilidad mínima y radares dañados desde hace meses.
Colombia tenía un sector de aviación acelerado y exitoso, generador de empleo y divisas. Era el momento de consolidar eso con inversiones claras, mejora de infraestructura y reglas predecibles. En su lugar, el Gobierno sembró incertidumbre exactamente cuando no la necesitaba. Los próximos meses prometen turbulencia, y esta vez la causarán las autoridades, no el clima ni la geografía.
Fuente original: El Tiempo - Economía